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ENTREVISTA DE FRANCÀS

‘Sobre la migración no existe ni planificación ni control’

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Conversación tranquila de Josep Maria Franàs con Juan Pablo de Anca Cuesta, subinspector de Policía Nacional, graduado en Relaciones Internacionales, experto en Análisis de Inteligencia y asesor de UPyD entre 2009 y 2015.

– ¿Qué es eso de ‘Una policía para el siglo XXI‘?

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Somos una plataforma en evolución hacia asociación. La cara visible es Samuel Vázquez aunque hay más personas que colaboran con él y yo soy uno de ellos. Nuestro cometido es analizar el modelo policial español tanto en su pasado como en la actualidad, compararlo con la evolución de la sociedad y sus necesidades, hacer una crítica constructiva y emitir propuestas para que los partidos políticos las lleven en sus programas electorales. El último fin es promover una reforma del modelo policial para que sea tan bueno como lo son sus policías y no tan mediocre como muchos de los mandos políticos que nos han impuesto hasta ahora.

– Hablas de mandos políticos, ¿es habitual esto?

Claro que sí, partimos de que a los Delegados del Gobierno los nombra el Consejo de Ministros y que los méritos para ser delegado del Gobierno son muy inferiores a los requeridos para ser policía. Para ser funcionario de policía tienes que superar una oposición; para ser Delegado del Gobierno con tener los amigos adecuados, ir a tomar vinos españoles con las personas adecuadas, tapar las miserias de otros cargos públicos, es suficiente. Para ser un mando político no quieren a quien protege la Ley, sino a quien protege a la Autoridad. Esa cadena de nombramientos discrecionales continúa de manera descendente y si para ser Delegado del Gobierno no existe meritocracia alguna y pueden poner a una profesora de matemáticas a dirigir policías, de jefe superior pueden poner al que más corruptelas ha tapado, ya que eso se consideran “méritos”. No van a hacer jefe superior al que ha encerrado a más concejales. Los méritos pueden ser “cocinar verdades oficiales”. Y muchos están dispuestos a hacerlo para luego ir a los despachos preguntando “¿qué hay de lo mío?”.

– Y, ¿cómo se puede trabajar así?

Así no se puede trabajar.

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– Pero trabajáis… ¿Cómo hacéis entonces?

Trabajamos porque la gran mayoría de policías creen en lo que hacen, estamos en el medio de dos presiones, una ascendente y una descendente. Hay una presión descendente por parte de jefes sin liderazgo que se limitan a cocinar estadísticas y ponen palos en las ruedas, también hay jefes con liderazgo que impulsan a sus subordinados y los transforman en buenos policía porque ellos lo son. Por otro lado está la presión ascendente, que es la que nos viene de la sociedad. Un buen policía se siente comprometido con la sociedad porque de esa sociedad forma parte su familia, sus amigos, los que han apostado por él, quienes van a seguir en su vida el día que se jubile. La gente confía en él y sabe que no puede defraudarlos porque cuando alguien recurre a la policía normalmente es el peor momento de su vida. La motivación es la clave de todo, una variable que no se contempla en la política de personal.

– ¿Cuáles son los retos a los que se enfrenta la Policía en España?

España como escenario de seguridad es un escenario multivariante. Los retos se pueden ver desde dos dimensiones, la externa o de operaciones y la interna o de organización. Ambas dimensiones están conectadas. En cada parte de España existen unas amenazas para la seguridad y unas debilidades a nivel interno que se deben compensar. Luego existen casos imprevisibles, lo que Nicolás Nassim Taleb llama un “Cisne Negro”, un evento altamente improbable pero con un impacto que puede desbordar los servicios allá donde ocurre. No estamos a salvo de los psicópatas y para el policía que trata con personas en su día a día, los “cisnes negros” son lo que más cuenta, a cada momento puede ocurrir algo inesperado. También hay retos a nivel nacional como gestionar la inmigración para que no sea un problema de seguridad. Las comunidades no delinquen, lo hacen individuos que forman parte de colectivos, hacer políticas ajustadas a la realidad individual en lugar de medidas colectivas es un desafío. Los tráficos ilícitos y evolucionar hacia una policía más financiera es otro reto. En un nivel delictivo inferior es necesario reducir la delincuencia común y se puede hacer, pero ello implica cambios en la organización. Hacen falta líderes dispuestos a asumir esos cambios.

– La política migratoria de España y por ende de la UE ¿la ves correcta?

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Para que haya política es necesario entre otras cosas que haya proyecto de país a veinte años vista y no en vista a las próximas elecciones, eso implica planificación y control. Sobre la migración no existe ni planificación ni control. Se ha optado por dejar que se desborde y se transforme en una amenaza. Gracias a que hay muertos, se pueden justificar elevados presupuestos para las organizaciones responsables de evitarlos. El crimen organizado hace negocio y las ONG también. Si hubiera política migratoria pondrían un ferry en Tánger y otro en Túnez con salidas semanales y traerían a la mitad de inmigrantes que entran sin necesidad de jugarse la vida, sin beneficios para las mafias y sin necesidad de ONG’s rescatándolos. La otra mitad estaría esperando mientras estarían todos identificados antes de venir a Europa. Eso sería política migratoria, lo que tenemos es un desorden que permite justificar a los estados que las decisiones las tomen organismos internacionales. Quizás todo sería menos costoso. La falta de política migratoria se debe a la falta de liderazgo o de escrúpulos.

– Me estás hablando de poner orden individualizando pero, ¿al ilegal, que lo habrá, qué le hacemos?

Con los extranjeros en situación irregular ya se aplica la ley, en eso la Policía no falla, pero recordemos que es una infracción administrativa y no un evento criminal. Saltarse un semáforo también es una infracción administrativa. Como policía busco amenazas para la seguridad y un inmigrante irregular no es una amenaza para la seguridad, quizás es una amenaza para el mercado laboral y para ese caso existe una ley administrativa repleta de garantías. En unos casos al ilegal se le expulsa, en otros casos la propia ley no lo permite y tampoco es un problema para la seguridad el hecho de que se quede y se busque la vida honradamente. Todo el mundo tiene derecho a subsistir. El delincuente que además es extranjero y está ilegal, recibe por un lado el trato que le otorga el derecho penal y adicionalmente el trato del derecho administrativo. O sea que primero se lo detiene por delinquir, luego el juez lo manda a la cárcel y después es expulsado.

– ¿No hay entonces ilegales en España?

Claro que sí, hay muchos y los servicios de extranjería están desbordados de trabajo.

– Y, ¿eso no es un problema?

Ese es un problema de falta de política migratoria, es la pescadilla que se muerde la cola. Si no existe política migratoria a nivel nacional ¿quién asume ese desbordamiento de ciudadanos extranjeros en situación irregular? la Policía. O sea que un problema político se transforma en un problema de seguridad y esto no debería estar ocurriendo.

– ¿Ves voluntad política para resolver el caos migratorio?

El negocio para los políticos está en sostener el problema y que la inmigración pase a ser un problema de seguridad, en Pozuelo no creo que les salpique. De esta manera se justifican puestos, presupuestos, impuestos, subvenciones, contrataciones y que en última instancia se haga cargo de la política migratoria, Naciones Unidas, porque según parece la Comisión Europea tampoco está liderando iniciativas. Las iniciativas están siendo lideradas a nivel unilateral por gobiernos que demuestran capacidad de decisión para reducir pérdidas y que el desbordamiento sea asumido entre todos. Por ejemplo el Gobierno de Salvini que ha tenido que dinamitar la Unión Europea para obligar al resto de países a asumir el desbordamiento de inmigrantes. El unilateralismo de Salvini le está costando un conflicto diplomático con el banquero Macron, que defiende el multilateralismo para evitar tomar decisiones y sostener el desbordamiento. Es evidente que unos pretenden reducir las pérdidas y otros buscan maximizar los beneficios.

– Lo de Pozuelo me desconcierta…

Desde Pozuelo se ve la vida mejor que desde Villaverde. Las decisiones políticas salpican menos.