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Cómo la internacional del aborto financia a políticos y manipula a Hollywood (II)

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La organización multinacional cuenta además con la Planned Parendhood Action Fund, una de cuyas principales funciones consiste en apoyar a los candidatos políticos con la misma mentalidad pro-abortista, casi todos ellos miembros del partido demócrata. 

Planned Parenthood recibió, al mismo tiempo, subvenciones del gobierno de Barack Obama para promover y apoyar su proyecto de ObamaCare. El círculo, como se puede ver, se cierra. 

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Planned Parenthood apoyó, por si fuera poco, a Barack Obama en las elecciones presidenciales de 2008 y en las de 2012. En las elecciones de 2014, Planned Parenthood gastó 6.587,100 dólares en contribuciones y donaciones a candidatos y partidos políticos (la gran mayoría, a los Demócratas).

Ahora bien, Planned Parenthood no se conforma con actuar quirúrgicamente, legislativamente, políticamente, en favor del aborto. Para ellos la alteración cultural y antropológica del hombre, del significado de la vida y de lo que realmente significa poner fin a la vida de un ser humano indefenso, es también esencial. 

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En ese sentido, la multinacional del aborto asesoró en los últimos años, exactamente desde 2014,  a la industria cinematográfica de Hollywood en más de 150 producciones, como parte de un denodado esfuerzo por influir en el debate sobre el aborto a través de la producción cultural.

El mayor proveedor de abortos del país está perdiendo ahora, con la Administración de Donal Trump, la batalla ideológica del aborto en Washington, pero está ganando la partida socio-cultural a través de Hollywood. 

La directora de “compromiso artístico y entretenimiento” de Planned Parenthood (que no deja de ser una oficina de propaganda subliminal), Carmen Spruch,  señaló hace poco al digital dailysignal.com que Planned Parenthood ha asesorado a Hollywood en más de 150 películas y programas desde que intervino en la “comedia romántica” de 2014 «Obvious Child». 

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El escritor Caplan-Bricker, defensor de Hollywood y de Planned Parenthood, ha señalado, en ese sentido, en un reciente artículo que Spruch empuja a los guionistas a  abordar la práctica del aborto y además «trabaja como guionista» para guionistas interesados en incorporar historias sobre aborto o control de natalidad. 

Según Melanie Roussell Newman, vicepresidenta senior de comunicación y cultura de Planned Parenthood, la cultura pop tiene la capacidad de cambiar la forma en que las personas juzgan la cuestión del aborto. «Hemos visto que la cultura pop cambia las opiniones sobre temas LGBTQ, por ejemplo, y la cultura pop también tiene el poder de desafiar el estigma del aborto«. Es decir, que la gran multinacional del aborto ha tomado posesión de la gran multinacional del cine en Hollywood para generar, mediante el arte pop, en las generaciones jóvenes una opinión favorable al aborto libre. Un lavado de cerebro en toda regla a través de guiones infestados de mensajes subliminales partidarios de la cultura de la muerte y del cambio antropológico del ser humano. La manipulación de las conciencias, de los sentimientos, de los corazones, de las sensibilidades, no puede ser más repulsiva.

Mallory Quigley, una activista pro-vida, denuncia en ese sentido cómo «el dominio de la industria del aborto en Hollywood es bien conocido, pero lo que podría sorprender es que sin embargo su propaganda no ha convencido a los corazones de los americanos…El sentimiento pro-vida, antes al contrario, está creciendo y la abrumadora mayoría de los estadounidenses, especialmente los jóvenes, rechazan la agenda extrema del aborto a demanda y financiado por los contribuyentes…Los estadounidenses están cansados de que las élites pro-abortistas les digan qué pensar y valorar», agregó Quigley. El fenómeno, como puede verse, del hartazgo de las personas normales respecto del pensamiento único que tienden a imponer las élites de la internacional progresista,  es también mundial. 

La internacional del aborto se ha dedicado también a poner en marcha, por si fuera poco y en línea con la doctrina leninista clásica, campañas de desprestigio personal dirigidas a directores y productores de cine partidarios del derecho a la vida, como Chuck Konzelman o Cary Solomon; personas libres que piensan libremente y actúan en conciencia y que además osan no obedecer las consignas de las élites ni los dictados de quienes manejan Hollywood. No todos se doblegan. En algunos artistas, directores o productores, han pinchado en hueso. Los dos cineastas citados, que han producido y dirigido por ejemplo la película antiabortista «Sin planificar», han hecho frente con toda naturalidad a esos ataques. Desde el Washingotn Post se les ha acusado (¡incluso!) de ser, oh delito, “cristianos conservadores». La respuesta no se ha hecho esperar: Ellos se han declarado, a mucha honra, “culpables”.

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