Las reiteradas declaraciones del presidente de Donald Trump sobre la necesidad de que Estados Unidos controle Groenlandia por motivos de seguridad nacional han vuelto a poner en primer plano la soberanía de la isla ártica y el papel de Dinamarca en su defensa, en un contexto de creciente competencia geopolítica en el Ártico.
En este contexto, el estado soberano de la isla de Groenlandia ha recordado que el Ejército de Dinamarca tiene por decreto real vigente desde 1952 la obligación de responder ante un posible ataque armado contra cualquier parte de su territorio, incluida la isla ártica de Groenlandia, según han confirmado portavoces militares daneses.
El decreto, que forma parte de las normas de conducta militar del Reino danés, establece que las unidades militares deben defender el territorio danés si es objeto de un ataque, incluso si las circunstancias impiden esperar instrucciones políticas o superiores. Esta normativa fue adoptada en plena Guerra Fría y sigue en vigor hoy, aplicándose igualmente al vasto territorio de Groenlandia pese a su estatus de autonomía dentro del Reino.
Groenlandia, cuya defensa y política exterior corresponden a Copenhague, ha cobrado especial atención en los últimos días tras las reiteradas manifestaciones del presidente Donald Trump sobre su interés en controlar la isla por motivos de seguridad nacional ante la percepción de una presencia creciente de potencias como Rusia y China en la región del Ártico.
Tras una reunión en la Casa Blanca entre altos funcionarios daneses y estadounidenses que no arrojó resultados sobre la futura soberanía de Groenlandia, las autoridades de Copenhague han impulsado un reforzamiento de la presencia militar en la isla, en cooperación con aliados europeos como Suecia, Noruega, Alemania y Francia. El objetivo es modernizar y ampliar la vigilancia del territorio y enviar un mensaje claro sobre la defensa de la soberanía danesa frente a posibles escenarios de presión externa.
¿Por qué Groenlandia?
Los medios generalistas han reducido la ambición de Trump por controlar Groenlandia a la afirmación de la riqueza en recursos minerales que la isla posee. Efectivamente, diversos estudios geológicos confirman que la isla alberga yacimientos potenciales de más de una veintena de las 34 materias primas críticas identificadas por la Comisión Europea, entre ellas tierras raras, grafito, níquel, titanio, tungsteno, hierro, zinc y oro, esenciales para la industria tecnológica, la defensa y la transición energética. No obstante, muchos de estos recursos se encuentran aún en fases exploratorias y su explotación presenta importantes desafíos técnicos, climáticos y medioambientales.
Más allá del factor mineral, el valor de Groenlandia reside principalmente en su posición geoestratégica en el Ártico, clave para la seguridad, la vigilancia militar y el control de rutas emergentes en un contexto de creciente competencia entre potencias como Rusia y China, lo que convierte al territorio en un enclave central en el equilibrio de poder del siglo XXI. Estados Unidos mantiene desde hace décadas una presencia estratégica en la isla a través de la base de Pituffik Space Base, integrada en su sistema de alerta temprana de misiles balísticos y vigilancia espacial. Esta instalación es considerada esencial para detectar posibles lanzamientos desde Rusia y para garantizar la defensa del territorio estadounidense y de sus aliados. Al mismo tiempo, Washington observa con preocupación el creciente interés de China por el Ártico, tanto a través de inversiones en infraestructuras como de su autodefinición como “potencia casi ártica”.
El control de Groenlandia permitiría a Estados Unidos reforzar su capacidad de proyección militar, vigilancia y disuasión en una región cada vez más disputada, así como asegurar la libertad de navegación y el equilibrio estratégico frente a actores que buscan ampliar su influencia en el norte global. Por ello, más allá de los recursos naturales, el valor de Groenlandia reside en su papel como pieza central del sistema de seguridad ártico, en un escenario donde el Ártico ha dejado de ser una periferia para convertirse en un espacio clave de la seguridad internacional.