El Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) ha confirmado este martes la existencia de “daños recientes” en los edificios de acceso a la planta subterránea de enriquecimiento de combustible de Instalación nuclear de Natanz, situada en el centro de Irán.
No obstante, el organismo subrayó que no se esperan consecuencias radiológicas, tras el análisis preliminar de la situación.
Based on the latest available satellite imagery, IAEA can now confirm some recent damage to entrance buildings of Iran’s underground Natanz Fuel Enrichment Plant (FEP). No radiological consequence expected and no additional impact detected at FEP itself, which was severely… pic.twitter.com/7CS7BRZo1s
— IAEA – International Atomic Energy Agency ⚛️ (@iaeaorg) March 3, 2026
En un mensaje difundido en la red social X, el OIEA precisó que la planta ya había quedado “gravemente dañada” durante el conflicto de junio, en el marco de la denominada Guerra de los 12 Días entre Estados Unidos, Israel e Irán. Según la evaluación actual, no se han detectado por el momento nuevos daños en el interior del complejo subterráneo.
Daños en accesos, no en el núcleo operativo
La información apunta a afectaciones en las infraestructuras de superficie y accesos a la instalación, mientras que el núcleo subterráneo —donde se ubican las centrifugadoras de enriquecimiento— no habría sufrido impactos adicionales significativos en esta fase.
Natanz es uno de los principales centros del programa nuclear iraní y ha sido objeto de ataques y sabotajes en el pasado. Su condición estratégica la convierte en un punto clave en cualquier escalada entre Irán y sus adversarios.
Sin riesgo inmediato de contaminación
El OIEA insistió en que no existen indicios de liberación de material radiactivo ni de riesgos para la población o el medio ambiente en la zona.
La evaluación técnica preliminar descarta, por tanto, un escenario de accidente nuclear o fuga radiológica derivado de los daños confirmados.
Un enclave sensible en plena escalada regional
La planta de Natanz se encuentra en el centro del debate internacional sobre el programa nuclear iraní. En los últimos años ha sido foco de inspecciones, tensiones diplomáticas y operaciones encubiertas.
La confirmación de nuevos daños, aunque sin consecuencias radiológicas, añade presión a un contexto regional ya marcado por enfrentamientos militares y acusaciones cruzadas.
Por el momento, el organismo internacional mantiene el seguimiento técnico de la situación y no prevé medidas adicionales relacionadas con seguridad nuclear.