DECLARA ANTE EL JUEZ

El exdirector de Seguridad de Madrid espió a Cifuentes por ‘interés de Ignacio González’

|

Ha concretado que le ordenaron realizar seguimientos a la exdelegada del Gobierno y expresidenta de la Comunidad de Madrid Cristina Cifuentes, al exvicepresidente Alfredo Prada y al exvicealcalde del Ayuntamiento de Madrid Manuel Cobo.

José Oreja, uno de los guardias civiles acusados del espionaje político en Madrid, ha declarado este miércoles en el juicio que en febrero de 2008 recibió órdenes «ilegales» del exdirector de Seguridad de la Comunidad de Madrid Sergio Gamón de hacer «seguimientos» a determinados políticos del PP de Madrid por «especial interés» de Ignacio González, entonces ‘mano derecha’ de Esperanza Aguirre.

Así lo ha manifestado a preguntas del letrado de la Comunidad de Madrid durante el inicio del interrogatorio, en el que ha detallado las funciones que realizaba en la Dirección General de la Comunidad de Madrid. Entre sus cometidos, figuraba asistir a las Juntas locales de Seguridad u observar los ayuntamientos en los que se habían implantado las BESCAM.

Oreja y los otros dos guardias civiles acusados, José Coronado y José Manuel Pinto, seguían órdenes de Gamón. El procesado ha recalcado que denunciaron los hechos ante el consejero de Interior en aquella época, Francisco Granados. Les ordenaron seguir a Prada, Cobo y Cifuentes. Y a un alcalde socialista de Getafe.

«Se nos dio una orden irregular. Se desobecede y no se cumple. Estos señores empiezan a acosarnos. Me arrepiento de no haberles denunciado. Empezó una tensión terrible. En mitad de nuestras labores, recibíamos órdenes sin sentido», ha afirmado.

Suscríbete a nuestro nuevo canal

«Nos mandaban como pollos sin cabeza a sitios públicos donde no había ningún problema. Nos llevó a sospechar que había algún tipo de maldad. Hoy lo sé, era para hacer coincidir posicionamiento de mi teléfono a los sitios donde ellos querían», ha aseverado insistiendo en que nunca recibió contraprestación económica.

Oreja ha indicado que a raíz de que él y los otros dos guardias civiles denunciaran estas órdenes ante Francisco Granados les obligaron a ir a sitios públicos donde iban las personas a las que querían seguir para que figuraran sus ubicaciones y realizaran unas notas de trabajo en las que luego «ellos escribían lo que querían».