TRAS LA REUNIÓN CON BORRELL

El papel especial de Soros en el débil gobierno Sánchez

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Soros no se oculta. No oculta su ambición, sus maniobras para influir en los gobiernos ni oculta el objetivo de sus planes. Es un ‘cerebro en la sombra’ al que le gustan los focos…

«Con George Soros en Múnich, intercambiando impresiones acerca de inmigración, los desafíos que enfrenta Europa y el futuro de África», pudo leerse este pasado fin de semana en un comentario publicado en Twitter desde la cuenta del ministro de Asuntos Exteriores, Josep Borrell. El texto venía acompañado de una foto que daba fe de la reunión, al parecer un desayuno. La pregunta inmediata, no aclarada por el propio Borrell, es qué hace un ministro del Gobierno de España desayunando con un financiero internacional conocido por ser el perejil de todas las salsas geopolíticas y por qué tiene que discutir con él de inmigración.

La apelación a Soros y a su siniestra y ubicua influencia en las grandes apuestas internacional se ha convertido en un tópico recurrente en la conversación geopolítica, especialmente por parte de quienes ven en él una ‘mano negra’ que manipula, compra voluntades y condiciona políticas por todo el globo, hasta el punto de que los partidarios de las tesis del magnate desprecian toda referencia como una loca «teoría de la conspiración» de los soberanistas. Bueno, la verdad es que no hay nada en la acción hiperactiva del financiero internacional de origen húngaro menos acorde con un conjurado que George Soros, al menos con uno de esos que actúa tan en secreto que su presencia es la sorpresa final de la película.

No, Soros no se oculta. No oculta su ambición, sus maniobras para influir en los gobiernos ni oculta el objetivo de sus planes. Es un ‘cerebro en la sombra’ al que le gustan los focos. Escribe tribunas, da conferencias, hace declaraciones en Davos fulminando contra Trump, a quien no disimula que está tratando de echar de la Casa Blanca, contra el ‘Brexit‘, contra Viktor Orbán, el primer ministro húngaro que llegó a hacer una ley con la explícita intención de eliminar su influencia en el país, conocida precisamente como la Ley Soros; contra Mateo Salvini y, en general, contra cualquiera que intente poner coto a la inmigración masiva procedente del Tercer Mundo o afianzar la soberanía nacional.

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Algo tendrá el agua cuando la bendicen, y que un hombre, un mero particular sin cargo oficial alguno tenga como enemigos jurados a tanto mandatario, incluidos los presidentes de las dos mayores potencias militares, Estados Unidos y Rusia -Putin también ha expulsado de sus fronteras las ONGs del financiero- dice bastante en favor de su influencia. O, ya que estamos, que convoque al ministro de Asuntos Exteriores español como quien llama a un subalterno para darle instrucciones. Al menos en este caso, lo ha anunciado el propio interesado; pero en el débil gobierno de Sánchez, Soros sí parece tener un papel muy especial.

El pasado 27 de junio, poco después de llegar a la Moncloa y antes de recibir o visitar a muchos mandatarios de gran importancia para España, Sánchez se reunió en secreto con el billonario internacional. La reunión duró hora y media, y lo insólito de la misma y el hecho de tratar en vano de mantenerse al margen de los medios desató todas las sospechas. Santiago Abascal, líder de la formación Vox, resumió en un comentario en Twitter lo que muchos pensaron entonces al escribir: «Soros es uno de los personajes más siniestros de la actualidad. Impulsa el tráfico de seres humanos con sus ONGs, y ha sido colaborador del golpe separatista. Sánchez se hace amigos de todos los enemigos de España y de Europa».

¿Quién es y qué quiere George Soros?

En el extremo opuesto, Ciudadanos, cuya sintonía con el financiero tampoco disimula. El ‘hombre de los números’ de la formación naranja y cabeza de lista en las elecciones europeas sorprendía a muchos ingenuos con una cariñosa felicitación a Soros el pasado 19 de diciembre, con motivo de haber sido nombrado Persona del Año por el diario financiero británico Financial Times. «Felicidades a George Soros, merecida «Persona del año» del @FinancialTimes por su incansable trabajo por la libertad y las sociedades abiertas, que le ha expuesto a ser vilificado por lo peor de nuestras sociedades».

Su incansable trabajo por la libertad, desgraciadamente para quienes también respetan los procedimientos democráticos, conlleva a menudo presionar entre bambalinas cuando no manipular el mercado financiero, como hizo cuando logró expulsar la libra del Sistema Monetario Europeo, antes de la entrada en vigor del euro.

¿Quién es Soros? ¿Qué quiere? Lo segundo es fácil: Soros representa aproximadamente el mismo estado de opinión que defienden los grandes grupos mediáticos internacionales, incluido el progresismo tribal al uso, pero con una verdadera obsesión que jamás ha ocultado: el odio a las fronteras, a las identidades nacionales, a la soberanía de los estados.

Lo cual tiene un doble sentido. Como financiero, las fronteras son un engorro y un costo. En esto no es diferente a cualquier actor poderoso en los mercados. Pero hay otro componente, ya más personal, que no creo que sea en absoluto ajeno a su comovisión: Soros no tiene patria. Su vida y orígenes son un verdadero potpourri internacional e internacionalista: su padre era un judío alemán, de apellido orginal Schwartz, uno de los más destacados novelistas en Esperanto, un idioma artificial creado con una clara intención globalista. De hecho, George hablaba Esperanto en su hogar como idioma natural, caso absolutamente insólito.

El padre se mudó a Hungría, donde cambió su apellido a Soros, que tiene un significado en húngaro y otro en Esperanto («él se alzará»). Durante la guerra vivió un periodo polémico que ha explicado en una entrevista concedida al programa de televisión americana 60 Minutos, en el que colaboró con las autoridades nazis en la reventa de los bienes incautados a los judíos. Más tarde se refugió en Suiza, desde donde, acabada la contienda, marchó a Londres, donde comenzó su fulgurante carrera financiera, nacionalizándose británico. Ahora vive en Estados Unidos, un país que ha confesado en varias ocasiones aborrecer. Siendo judío, tendría fácil hacer aliyá y nacionalizarse israelí, pero sucede que es furibundamente antiisraelí, y en particular mantiene con el primer ministro de aquel país, Benyamin Netanyahu, una de sus peculiares vendettas.

En España, por lo demás, Soros es especialmente activo a través de las derivadas de su gran palanca, la Fundación Sociedad Abierta -el libro de Popper está siempre en su mesilla de noche, ha confesado-, verdadera Spectra de este titiritero global. En mayo del pasado año, el senador del Partido Popular Pedro Agramunt presentó un informe en el que revelaba que Soros llevaba años financiando a los independentistas catalanes. Llegó a pagar, entre otras partidas, 2,8 millones a Independent Diplomat, un lobby al que ya recurrió Artur Mas para sostener su ‘Diplocat’.

¿Por qué querría un hombre que odia las fronteras y el sentimiento nacional financiar a nacionalistas? Este es un asunto peliagudo, pero parece obvio que desestabilizar y debilitar los Estados nacionales existentes es un modo fácil de acelerar el globalismo, una tesis a la que han recurrido algunos observadores para sostener que, pese a las apariencias, Bruselas no es en absoluto contraria a la algarada catalanista.