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Iberdrola y Villarejo: el Galán no era tan verde

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Una empresa del Ibex 35 que se conduce como si fuera un garito de tahúres clandestinos; una plataforma ecologista que acepta dinero opaco de falsos donantes que en realidad son unos infiltrados; un Comisario gangsteril de serie B contratado por otros de los suyos; una prensa y una radio locales compradas para que le allanen el camino a una multinacional; una opinión pública manipulada y medio boba que se deja llevar por lo que le digan los medios (en esto y en todo); un juez de los contencioso-administrativo cuya vida personal es espiada por la trama empresarial y policial y que finalmente dicta una resolución en favor de los intereses de aquéllos; políticos (y sus familias) espiados, partidos que termina cediendo a la presión no se sabe por qué, un ayuntamiento que al final aprueba el proyecto y un gobierno socialista de Andalucía que deja de oponerse y dice, venga, va, que pongan la central térmica de ciclo combinado de mil millones de euros en Arcos de la Frontera, el pueblo más bonito de Andalucía. La central finalmente se instala. La trama económico-policial gana, como siempre. La intimidad de las personas espiadas ha sido violentada. La integridad profesional de los medios, ha quedado desmontada, si alguna vez existió. Los partidos, sus representantes, han cedido. Los ecologistas están dentro del cambalache. 

“Poderoso caballero es Don Dinero”.

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Mientras Iberdrola decía apuntarse al movimiento ecologista, se mostraba preocupada por el cambio climático y se presentaba como la gran eléctrica verde, la más volcada por impulsar las energías limpias; mientras su presidente se presentaba ante los medios y sus propios accionistas como el líder en renovables, el que respaldó abiertamente el plan de Pedro Sánchez  para pilotar la transición energética, el que dijo ante sus accionistas que “Nos corresponde a cada uno de los actores, públicos y privados, trabajar de manera conjunta y armónica para convertir esta amenaza global en una oportunidad de mejora de la competitividad y de crecimiento económico en beneficio de todos”, ese mismo presidente de esa misma compañía eléctrica, aparece ahora al frente del último escándalo Villarejo: el caso Arrow (Arrow, además de significar flecha en inglés, es una marca de moda para caballeros elegantes, pero desconocemos si el nombre corresponde a la primera o a la segunda de las claves). Iberdrola lleva tiempo defendiendo el cierre de las centrales nucleares (incluso ha pactado el cierre de los reactores entre 2027 y 2035) y su sustitución por energías renovables y gas. Un objetivo, dijo Sánchez Galán «para seguir liderando la transición energética hacia un modelo más limpio, fiable e inteligente.”  Ya. Un modelo más limpio, sobre todo.

Iberdrola contrató a Villarejo para que se infiltrara en el movimiento de oposición política y vecinal a su central térmica. El Ayuntamiento de Arcos y el Ejecutivo andaluz, ambos del PSOE, así como de numerosas organizaciones ecologistas agrupadas en torno a la plataforma No a las Térmicas denunciaban los efectos nocivos de sus gases en la población y su emplazamiento entre dos zonas ambientalmente protegidas. Al parecer, Iberdrola ordenó a Villarejo realizar seguimientos, controlar llamadas, investigar la vida privada de cualquier dirigente o autoridad que se opusiera a la central. Todo muy limpio. Muy verde. Incluso se investigó al juez de lo Contencioso-administrativo de Jerez de la Frontera que debía pronunciarse sobre una petición municipal para suspender cautelarmente las obras. Al parecer, elaboraron un dossier la vida íntima del juez, su situación familiar y su afinidad ideológica. Incluso le “pusieron” un periodista para sacarle información. Además, Villarejo presumía de tener más “gente” en el juzgado. Sea como fuere, a la semana de esa conversación que ha trascendido a los medios, el juez desestimó la solicitud del ayuntamiento y no hubo suspensión cautelar de las obras para instalar la central. Para convencer a la opinión pública, amañaron encuestas, compraron medios por 7000 euros de publicidad, el ayuntamiento cedió y el Ejecutivo de Manuel Chaves por medio de su consejera de Medio Ambiente,Fuensanta Coves, dejó de oponerse a la planta y facilitó las licencias ambientales correspondientes. Suponemos que cada uno de ellos tendrá una buena explicación.

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Ahora cae rodando por los suelos la imagen de la compañía, de su presidente Galán, de la reputación de unos y de otros, de su histórica y gran marca, arrastrados todos al lodazal de unas prácticas profundamente inmorales mafiosas e ilegales. Sánchez Galán se ha gastado mucho dinero en campañas de marketing verde en casi todos los medios de comunicación del país. Ahora sabemos  que el abanderado galán de lo verde tampoco lo era tanto. 

Entre la verdad y lo verde, siempre mejor la verdad.  

A este país le ha sumergido en un barro en el que casi nada es verdad y existe un poder en la sombra ilimitado y descontrolado, y un flujo de dinero que todo lo compra. Vivimos la mayor quiebra de derechos individuales y de garantías procesales de Europa. España no puede seguir así, sin ciudadanos libres, sin sociedad civil, sin división de poderes, sin información veraz y confiable, sin instituciones al servicio de los españoles, manipulada por unos poderes sumergidos que deciden el qué, el quién y el cuándo, y que escapan a todo control. Si no llega a ser por el pulso de Villarejo y su tropa con el CNI, de todo esto ni nos enteramos.  

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