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El inglés de Villarejo: to leave

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Con lo que ya ha salido de Iberdrola y de Sánchez Galán no se explica uno que este señor continúe al frente de una de las multinacionales más importantes de España. Porque no parece, además, que vaya a parar el escándalo. 

¿Hasta cuándo piensa aguantar el presidente de la gran eléctrica española? ¿Cuándo va a empezar a resentirse el valor de Iberdrola en los mercados? ¿No tiene nada que decir la CNMV sobre estos sucesos? ¿Acaso no tiene nada que ver la actitud de Sánchez Galán con el Código de Bueno Gobierno de las empresas cotizadas? ¿Tiene que esperar una de las grandes compañías españolas a que la Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia abra expediente para que su presidente tome la decisión que tiene que tomar? ¿Qué hace ese Consejo de Administración? ¿No hay causa para convocar una Asamblea General Extraordinaria? 

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Estos grandes magnates utilizan siempre dos varas muy diferentes de medir: una, la recia vara de la exigencia ética a sus empleados, a sus políticos, a sus periodistas, a sus contratistas y en general al resto de la humanidad. 

Y otra muy distinta, la vara que se aplican a ellos mismos, que es vara que se dobla al viento, como el junco. 

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Sánchez Galán debe dimitir ya, si no se quiere hundir, en plena crisis casi, una de las grandes marcas de referencia de España. ¿Este gobierno en funciones tampoco tiene nada que decir? Por mucho menos han caído cumbres en España. 

Si “los mercados” no se lo están exigiendo es porque nos tememos que haya muchos más implicados en esas tramas organizadas por el ínclito comisario Villarejo. 

Es curioso que los grandes periódicos nacionales no estén ni siquiera informando del asunto. Parece como si después del engrudo hubiera llegado la omertá.

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Villarejo bautizaba estos encargos con un nombre, casi siempre en inglés: en este caso, Arrow (flecha) o Blackboard (pizarra… ¿lo pillan?). 

Falta uno: To leave.