Jóvenes con trastornos de audición de adultos: el peligro de la exposición permanente a alto niveles de ruido

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Los expertos aseguran que en la actualidad suele ser habitual ver en las consultas de Otorrinolaringología a jóvenes que no cumplen los 30 años con trastornos auditivos propios de personas de 60 años. Por ello, recomiendan controlar las actividades lúdicas que pueden generar un peligro para la audición -escuchar música a través de los auriculares del móvil, asistir a un festival de música, a un espectáculo musical…-.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta de que la exposición a sonidos fuertes provoca cansancio en las células sensoriales auditivas, lo que da lugar a una pérdida temporal de audición o acúfenos -sensación de zumbido en los oídos- y recuerda que con frecuencia puede derivar en una pérdida de audición irreversible.

Calcula que un total 1100 millones de jóvenes de todo el mundo podrían estar en riesgo por prácticas auditivas nocivas y que más de 43 millones -de entre 12 y 35 años- padecen en los países desarrollados una pérdida auditiva discapacitante -casi el 50% por los dispositivos electrónicos-.

La OMS recuerda que la audición responsable y segura depende de la intensidad -volumen-, la duración -espacio de tiempo- y la frecuencia -asiduidad- de la exposición, y sugiere una serie de prácticas para que escuchar música cada día o asistir a un concierto no supongan un problema para nuestra salud: mantener el volumen bajo -se recomienda un volumen inferior a los 85 dB para una duración máxima de ocho horas al día-; limitar el tiempo que dedicado a actividades ruidosas haciendo breves descansos auditivos; y vigilar los niveles seguros de exposición al ruido.

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En este sentido, llama a los gobiernos a promulgar leyes más estrictas y a aplicar con más rigor la legislación vigente en materia de ruido no ocupacional. «La audición es una facultad muy valiosa, y los daños auditivos provocados por el ruido excesivo son irreversibles«, señala, antes de añadir que «la pérdida de audición merma la calidad de vida general de las personas afectadas y aumenta el costo de la atención sanitaria para la sociedad».