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TRIBUNA

La lección de Ortega Smith

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Pretender que este credo de honor, solidaridad y patriotismo anide en la vida pública española sería ingenuo.

Muchos esperaban que la presencia de VOX como acusación popular en el juicio a los golpistas catalanes diese espectáculo. En la sociedad mediática que nos ha tocado vivir, donde las redes sociales, periódicos digitales, blogs, YouTube, podcasts… se han unido a los medios tradicionales para ofrecernos una ingente cantidad de información y contenidos, la lucha por la audiencia es feroz y la búsqueda de titulares llamativos se ha convertido en una necesidad. Paralelamente, aparecer en los medios, a cualquier precio, parece ser un requisito imprescindible que permite instalarse en la cúspide de la “pomada” política, cultural, artística… o cerca de ella.

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Por ello es de agradecer que, tanto Ortega Smith como Pedro Fernández, se limiten a ejercer como letrados de la acusación, centrándose en la labor probatoria de los elementos que integran los tipos penales que desean aplicar a los separatistas enjuiciados, para lograr un pronunciamiento condenatorio.

Algunos parece que esperaban que los letrados de VOX acudiesen a la vista oral para soltar alguna diatriba política contra los golpistas o los miembros del Gobierno de Rajoy, como han hecho la mayoría de los acusados y los políticos separatistas que han acudido a testificar. Tampoco VOX ha querido “montar el pollo” en el exterior del Tribunal. La tentación de usar el juicio para fines partidistas ante la proximidad de las citas electorales, con un escenario competitivo extremo entre VOX, PP y Ciudadanos para seducir a posibles electores, ha sido superada en favor de la seriedad y el respeto institucional.

Ortega Smith ha dejado los mítines políticos para fuera de la Sala del Tribunal Supremo, sabiendo distinguir entre las funciones que le corresponden como letrado y las funciones que tiene como político. La semana pasada acudió al Parlamento Europeo para defender la unidad de España y desmontar, junto a Jesús Laínz y Rosa Cuervas-Mons, la manipulación de los separatistas y quienes les apoyan sobre la realidad de Cataluña. No se le ha ocurrido usar su condición de letrado para hacer lo mismo fuera de lugar ante las cámaras que emiten el juicio contra los golpistas. Eso se llama respetar las instituciones.

Seguramente el avispado lector estará pensando ya en la otra cara de la moneda. Efectivamente, en las antípodas de Ortega Smith está Pedro Sánchez. No sólo ideológicamente, también moralmente. Jamás perdería una oportunidad de darse autobombo al precio que sea, por encima de valores, instituciones y lo que se le ponga por medio. Buena prueba de ello, las estadísticas amañadas del CIS o el uso partidista del Consejo de Ministros, para sus “viernes sociales”, que no son más que anuncios electorales. Pero claro, pedirle a un tipo de la catadura moral de Pedro Sánchez un comportamiento honorable que respete las instituciones, es pedirle peras al olmo.

Como todos sabemos, Ortega Smith tenía la costumbre de recitar al final de las numerosas comidas que compartía con los simpatizantes del otrora naciente VOX los versos de Marquina, que han acabado por conocerse como el brindis de los Tercios de Flandes:

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“No os preguntarán por mí/ que en estos tiempos a nadie/ le da lustre haber nacido/ segundón en casa grande/ pero si pregunta alguno/ bueno será contestarle/ que español a toda vena/ amé, reñí, di mi sangre/ pensé poco, recé mucho/ jugué bien, perdí bastante/ y porque esa empresa loca/ que nunca debió tentarme/ que perdiendo ofende a todos/ que triunfando alcanza a nadie/ no quise salir del mundo/ sin poner mi pica en Flandes/ ¡Por España!/ y el que quiera defenderla/ honrado muera/ y el traidor que la abandone/ no encuentre quien le perdone/ ni en Tierra Santa cobijo/ ni una cruz en sus despojos/ ni la mano de un buen hijo/ para cerrarle los ojos”.

Pretender que este credo de honor, solidaridad y patriotismo anide en la vida pública española sería ingenuo, pero no está de más encontrar de vez en cuando al menos un gesto de responsabilidad.