PUBLICIDAD

Ejecutivos de 180 empresas piden que el aborto siga siendo legal en EE UU

|

Los máximos responsables más de 180 empresas han firmado una carta que, en esencia, pide que se mantenga legal el aborto para que la gente sea productiva en su negocio.

“Lo que es bueno para General Motors es bueno para América”, se decía en los años Cincuenta en América, y la frase podía quedar como un resumen grosero, pero no inexacto, del pensamiento conservador dominante en la posguerra. Si hubiera que simplificar mucho el espectro político del último medio siglo, podría decirse que la derecha desconfiaba del Estado pero confiaba en las empresas, mientras que la izquierda desconfiaba de las empresas pero confiaba en el Estado.

PUBLICIDAD

La sorpresa en nuestra época, lo que hace cada vez más difícil orientarse en las nuevas condiciones políticas, es que las empresas, y muy especialmente las grandes empresas, han entrado de lleno en la batalla cultural… del lado de la izquierda, e incluso de la izquierda radical.

Este mes de junio, dedicado entero al Orgullo Gay en muchos países de Occidente, empezando por Estados Unidos, hemos podido comprobar que lo que hace no tanto era una batalla marginal abanderada solo por la izquierda radical es hoy asumido con extraordinario entusiasmo por las multinacionales más conocidas, que visten de arcoiris sus logos y presumen de su defensa proactiva de la lucha por los derechos LGTB.Ejecutivos de 180 empresas piden que el aborto siga siendo legal en EE UUEste mes de junio, dedicado entero al Orgullo Gay en muchos países de Occidente, empezando por Estados Unidos, hemos podido comprobar que lo que hace no tanto era una batalla marginal abanderada solo por la izquierda radical es hoy asumido con extraordinario entusiasmo por las multinacionales más conocidas, que visten de arcoiris sus logos y presumen de su defensa proactiva de la lucha por los derechos LGTB.

Suscríbete a nuestro nuevo canal

Lo mismo puede decirse, en general, de su actitud en otras áreas, desde el feminismo radical a la ideología de género, la multiculturalidad, la desaparición de las fronteras… Y, naturalmente, el aborto. Es todo un espectáculo, porque equivale a apoyar todo aquello que quienes siempre las han calificado de explotadoras y enemigas del proletariado defienden ahora con más ahínco, alejándose con desprecio de la misma opinión conservadora que les ha apoyado contra los embates de la izquierda.

La explicación no es complicada: es bueno para el negocio. De hecho, la izquierda se ha convertido con sus prédicas, deliberadamente o no, en la mejor aliada de esas odiadas multinacionales, mientras que buena parte de la opinión conservadora, la gran mayoría, sigue de su lado por coherencia ideológica y quizá por mera inercia.

Estados Unidos vive en estos momentos una fase crucial en la batalla en torno a la vida. Mientras algunos estados, como Nueva York, aprueban leyes sobre el aborto que equivalen en la práctica a una aprobación del infanticidio, otros, como Alabama, promulgan otras que prácticamente reducen a la nada el aborto legal.

PUBLICIDAD

Son estos últimos casos y, sobre todo, la perspectiva de que un nuevo Tribunal Supremo conservador dé la vuelta a la jurisprudencia sentada por Wade vs Roe, que convirtió el aborto en ‘derecho constitucional’, lo que ha movilizado a las empresas en una presión política para que el aborto siga practicándose como hasta ahora.

La carta -titulada Don’t Ban Equality- es probablemente más transparente en cuanto a los motivos de los ejecutivos firmantes de lo que les gustaría. “Cuando todo el mundo está empoderado para triunfar, a nuestras empresas, a nuestras comunidades y a nuestra economía les va mejor”, sostienen. Y no hay que estrujarse mucho la cabeza para deducir por qué les va mejor, especialmente, a las propias empresas, obligadas a pagar bajas maternales o incluso con el riesgo de ver a una brillante profesional optando por jornadas reducidas o algo ‘peor’.

Más claro aún: “Dicho simplemente: va contra nuestros valores y es malo para los negocios”. Lo segundo es más evidente que lo primero, ya que suponer que un fabricante de cerveza o un firma bursátil tengan ‘valores’ independientes de la gente que las dirige y del elemental valor de ganar dinero es, en el mejor de los casos, de una ingenuidad enfermiza.

PUBLICIDAD