DONALD TRUMP

El fiasco de la ‘trama rusa’ y el día de la venganza

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Han hecho creer a millones de americanos lo que ahora se sabe falso.

Al final, después de dos años de convertirla en noticia de primera en días alternos en la prensa nacional y mundial, de amenazar con ella al presidente Trump, de mantener a medias paralizada la acción de la Casa Blanca, de dividir el páis y de despilfarrar los considerables medios a su disposición, la investigación del fiscal especial Robert Mueller ha concluido exactamente con lo mismo que en estas páginas llevamos dos años diciendo: no hay ‘trama rusa’.

Lo sabíamos, claro, pero ahora es oficial.

Es decir, pese a tener a su disposición amplios poderes de investigación y el auxilio de los servicios de inteligencia, no se ha encontrado el más pequeño indicio de colusión entre la campaña de Donald Trump y las autoridades rusas para influir en las elecciones presidenciales. Nada, nihil, nothing, niente.

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Pasemos página y pelillos a la mar, ¿no? Bueno, no. Una investigación federal a cargo de un fiscal especial que dura dos años y sobre la que han declarado con desconcertante confianza a favor de la culpabilidad del presidente quienes tienen obligación de saber no se establece a humo de páginas. La investigación de Mueller empleó a 19 abogados, 40 agentes del FBI, imputó a 2.800 personas, ejecutó 500 órdenes registros e interrogó a 500 testigos. Su absoluta banalidad, alguna consecuencia debería tener más allá de dejar como un trapo a los grandes medios que nos aseguraban que Trump tenía las horas contadas y ponerle fácil la reelección al presidente. Porque si no hay nada ni ha habido nada, estamos simple y llanamente ante un intento del Estado profundo -la Administración permanente, si lo prefieren llamar así- de derrocar a un presidente legítimamente elegido.

Han hecho creer a millones de americanos lo que ahora se sabe falso, a saber, que su Comandante en Jefe conspiró con el jefe de Estado de una potencia extranjera y no especialmente cercana, Rusia, para estafar a los votantes. Y la del presidente no es la única imagen -y vidas, y carreras profesionales- seriamente dañada por estas imputaciones. Todo el país ha quedado dramáticamente dividido, enfrentado por esta cuestión. Suena grave, ¿no?

Se imponen algunas preguntas inevitables, como ¿por qué se han tardado dos años, en la primera potencia mundial en cualquier orden, con 16 agencias de inteligencias dotadas de enormes presupuestos y tecnología sofisticada? ¿A quién se le ocurrió en primer lugar, ahora que sabemos que no existen ni indicios, la peregrina idea de que Trump había ganado las elecciones con la ayuda de los rusos? ¿Había algo más que la arrogancia de saberse vencido por el mismo tipo del que tanto se habían reído, negación pura y simple?

Seguramente, todos los políticos, agentes de inteligencia y periodistas de campanillas que afirmaban saber ‘de buena fuente’ que el informe del fiscal Mueller sería un bombazo que acabaría en cese parlamentario del presidente tendrán que responder a algunas preguntas, si hay alguna justicia en el mundo.

Y, la haya o no, es poco probable que Trump vaya a aceptar este resultado con una mera disculpa. Prepárense, porque el día de la rendición de cuentas podría estar muy cerca.