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El ‘impeachment’ que podría poner en bandeja Trump un segundo mandato

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De la ‘trama rusa’ a la ‘trama ucraniana’, el caso es sacar a Trump de la Casa Blanca de una patada o, lo que es lo mismo, impugnarlo en el Congreso, el célebre ‘impeachment’, y que no pueda presentarse a un segundo mandato.

Uno pensaría que después de la monumental plancha que supuso la ‘trama rusa’, lo que el profesor de Princeton Stephen Cohen ha calificado del “escándalo político más fraudulento de la historia” de Estados Unidos, los demócratas y sus incontables aliados guardarían un pudoroso silencio, pero no. Dos años de investigación con plenos poderes a cargo del ex director del FBI Robert Mueller -y de anuncios casi diarios en las televisiones y los diarios de que al presidente le quedaban dos telediarios- revelaron exactamente cero indicios de que Trump se hubiera conchabado con el Kremlin para amañar las elecciones. Pero Trump no es un enemigo normal, ni siquiera es meramente un enemigo del Partido Demócrata, sino de todo el sistema, y debe ser destruido. Y así tenemos el ‘Ucraniagate’, que ha dado para que la jefa de la minoría demócrata en el Congreso, Nancy Pelosi, anuncie la apertura de una “investigación para la impugnación”, algo que nadie está muy seguro de lo que es.

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Voy a intentar resumir el caso. A Trump se le acusa de que abusar de su cargo al presionar al presidente ucraniano Volodymyr Zelensky para que las autoridades ucranianas investigaran tejemanejes corruptos de Joe Biden, que por ahora tiene todas las papeletas para ser el candidato demócrata a la Presidencia en 2020.

¿Qué tiene que ver Biden, antaño vicepresidente con Obama, con Ucrania? Pues bastante. Desde la Revolución del Maidán que derrocó al presidente prorruso Yanukovich, Ucrania ha entrado decididamente en la órbita de Washington, por decirlo muy suave. Contra los del Maidán se levantaron varias provincias prorrusas y rusófonas del Este, que mantienen con Kiev una guerra de baja intensidad, guerra en la que Estados Unidos ayuda generosamente al gobierno central. Y en estas una empresa energética ucraniana contrata al hijo de Biden, Hunter, sin experiencia y con un historial bastante cuestionable, pagándole un sueldo principesco. El caso, en sí mismo, apestaba bastante, y Biden padre cometió la insensatez de presumir de su influencia en Ucrania.

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Para empeorar las cosas para Trump, también se le acusa de demorar la entrega de 250 millones de dólares en ayuda militar para presionar a Kiev y que investigaran los manejos pasados de Biden. Y ahí está toda lo cuestión: si hubo o no un “quid pro quo”. Si no lo hubo, no deja de ser un presidente pidiendo a un homólogo aliado que investigue una posible ilegalidad, algo que quizá no quede demasiado bonito tratándose de su probable rival, pero que no es en absoluto materia de impugnación. Pero si había un precio o una amenaza, aquí ya estamos hablando de extorsión.

Trump ha entregado la transcripción de la llamada telefónica que mantuvo con Zelinsky y no, no parece que haya amenaza o chantaje; no hay un precio asociado y todo queda en la típica vehemencia no siempre gramatical de Trump.

El ‘impeachment’ no es en absoluto una realidad, ni siquiera se ha iniciado el proceso. No es nada fácil, porque requiere una mayoría cualificada en las dos cámaras, y una la dominan los republicanos. Y ni siquiera todos los demócratas encuentran sensato echar a un presidente de los Estados Unidos en un caso tan poco claro.

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El enésimo intento puede acabar como el rosario de la aurora para los demócratas. Para empezar, es como si hubieran metido a Joe Biden en la cabina de un avión a modo de kamikaze para que se estrelle contra el portaviones SS Trump y lo hunda, muriendo en el proceso. Porque si la cosa saliera adelante -e incluso, ya, sin que vaya más allá-, habría que volver sobre la oscura historia de los manejos de Biden en Ucrania, y es poco probable que salga con bien.

Habría que explicar que lleva a una gran empresa energética, Burisma Holdings, a contratar a un extranjero sin experiencia alguna con un sueldo desproporcionado, y que casualmente es el hijo del vicepresidente de Estados Unidos. En su día, los medios no quisieron investigar la historia, aunque Hunter Biden tiene un historial, digamos, ‘problemático’, con asuntos de drogas de por medio, incluso.