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Las claves de las elecciones en Austria: del ‘escándalo Ibiza’ al escándalo Greta

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La derecha nacional ha vuelto a arrasar en Austria, un país tradicional, conservador y marcadamente católico cuyos ciudadanos se han vuelto a resistir a entregarle el país a la izquierda, a los lobbys internacionales vinculados a Naciones Unidas o a poderosas fundaciones de grandes magnates como Soros. Viena, tercera sede internacional de la O.N.U. y primera de multitud de organismos intergubernamentales (como la O.S.C.E.), es una pieza enormemente codiciada que, sin embargo, se resiste a caer. El conservador Sebastian Kurz, un treintañero con gran capacidad de liderazgo y sin complejos que ha hecho de la lucha contra la inmigración ilegal y los logros de su política económica los ejes de su campaña, lo ha vuelto a hacer. No olvidemos que Kurz cayó en mayo como consecuencia de una moción de censura orquestada contra el gobierno de coalición que presidía por el escándalo Ibizagate, un vidrioso affaire que derribó su coalición de gobierno. Dicho escándalo afectaba al líder de sus socios de gobierno, el F.P.O. (aquí, en España, se les llamaría la ultraderecha, sin serlo, pero allí tienen la fortuna de que exista un partido a su derecha) implicado en unas grabaciones con una mujer rusa en Ibiza en las que se aludía a mecanismos irregulares de financiación de su partido (¿le suena?).

Kurz ha ganado, pese a una campaña verdaderamente dura y sucia en contra (ha habido incluso un hackeo de sus cuentas, en una práctica de la izquierda que se ha hecho endémica), con un 37 por ciento del voto (cinco puntos más que en Mayo), lo que supone un respaldo abrumador de los austriacos a su programa electoral y a su gestión. Los votantes han castigado solo al partido implicado en la trama de Ibiza, a su socio de Gobierno el F.P.Ö., sin alterar los números para que la coalición de gobierno de derechas pueda reeditarse.  El F.P.Ö. ha caído 9 puntos, alcanzando aun así el 16 % del voto. De esta manera el resultado apuntala el gobierno de coalición y la maniobra de la izquierda de articular un escándalo mediático con objetivo político se salda con un fracaso.

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Sebastian Kurz ha defendido sin complejos los resultados de su coalición de gobierno con el FPÖ (no se han dedicado a tirar al compañero por la borda): la caída del desempleo, el incremento de salarios y pensiones y, sobre todo, la mejora de la asistencia a los austriacos más necesitados a través de la renta básica para los nacionales a costa de la inmigración ilegal: dar más a los austriacos que más lo necesitan y menos a los inmigrantes ilegales introducidos por las mafias en el país (una iniciativa, por cierto, del F.P.Ö.). Kurz se refirió incluso en campaña a la errática política migratoria de España como contramodelo a no seguir. «Si analizo cómo ha cambiado la política migratoria de España en los 10 últimos años, en dirección a fronteras más abiertas; si hago lo mismo con la nueva línea de Italia y sus puertos seguros, sólo puedo decir que eso es lo contrario a una política migratoria. No estamos enviando a África y a los traficantes de personas la señal correcta». Kurz adoptó de esa manera las líneas básicas del discurso del F.P.Ö., por eso ha podido hacerse con parte importante del de castigo hacia su socio de gobierno.  

De tal manera, la estrategia de la izquierda de derribar a la derecha mediante un escándalo de financiación y tras una moción de censura (hay patrones que se reproducen) ha sido felizmente conjurada por los electores austriacos.

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El otro hecho importante de esta campaña sucia del establishment ha sido la discusión en torno al cambio climático. Greta ha marcado la segunda fase de la campaña electoral. Casualmente, la Cumbre Climática de Nueva York ha coincidido con la campaña austriaca (a ver qué montan para irrumpir en España el 10 de noviembre) y ha determinado la última fase del debate electoral. El discurso desencajado, teatral, efectista, algo grotesco, de una niña manipulada por otros y cuya fotografía con Soros circula en la red (el mismo Soros que se reunió con Pedro Sánchez en la O.N.U.), llegó con enorme impacto desde Nueva York a Viena, es decir de la primera a la tercera sede de la O.N.U. La vieja capital del imperio austrohúngaro se convirtió en el lugar de la mayor réplica del terremoto mediático de Greta. Dicho impacto ha provocado la fuerte e inesperada irrupción  los verdes en el Parlamento austriaco, pero al mismo tiempo ha hecho que los socialdemócratas hayan perdido nada menos que cinco puntos porcentuales. 

Austria es país en el que el mundo alpino, rural, ganadero y agrícola, tienen un enorme peso social y político. La capital, Viena, es ciudad internacional. Austria no es Viena. Austria no es Naciones Unidas.  

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