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'¿CÓMO PODRÍAMOS IR A PEOR?'

López Obrador, el último populista de izquierdas en Latinoamérica

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El reciente incidente protagonizado por el presidente de México pidiendo oficialmente al Rey de España que pidiera perdón por la Conquista ha servido para varias cosas, algunas buenas y otras malas.

Entre las buenas está comprobar que en nuestro país vamos poco a poco superando nuestro secular masoquismo, incluso entre la opinión publicada, que apenas veía suficientes ocasiones para humillarse y pedir perdón por nuestro (glorioso) pasado. Sí, asombrosamente no solo no se cursaron las solicitadas disculpas, sino que el tono general en la respuesta de los medios fue de absoluto rechazo a la petición del mandatario mexicano.

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Y entre las malas, que Andrés Manuel López Obrador, alias AMLO, sea este mandatario, recientemente elegido en México.

Latinoamérica sufrió hace una década, como un sarampión nefasto, una oleada de líderes de la peor izquierda populista: Chávez, Cristina Fernández de Kirchner, Lula/Dilma, Correa, Morales… Todos con un discurso simplista y un socialismo elemental que, en efecto, produjo una gran riqueza, pero solo para sus líderes; para el pueblo fue casi lo más cerca que han estado del socialismo real, realmente empobrecedor y opresivo.

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Pero lo peor parecía haber pasado, y el paciente parecía en vías de recuperación… Y escarmiento. En Venezuela, donde el régimen bolivariano parece haber clavado sus garras con especial habilidad, ya no hay más cera que la que arde y no hay analista que no dé a Maduro por amortizado. En Brasil han elegido a la pesadilla de todos los ‘rojos’, al Trump brasileño, Jair Bolsonaro; en Argentina se han deshecho de la Kirchner como Chile antes se deshizo de Bachelet. La tormenta empezaba a amainar.

Y entonces llegó AMLO al poder en México.

AMLO está cortado por idéntico patrón, y de hecho fue uno de los pocos mandatarios internacionales en acudir a la última -esperemos que en más de un sentido- investidura de Nicolás Maduro. ¿Cómo es posible? ¿Por qué uno de los pesos pesados del área elige una opción desacreditada en todo el continente y que ha producido resultados tan desoladores?

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Lo primero que hay que decir -lo estaban esperando- es que el caso de México es muy peculiar.

La política mexicana está totalmente condicionada por dos circunstancias: el dominio de los cárteles de la droga y compartir frontera con el país más poderoso de la tierra, Estados Unidos.

La clase política mexicana es indeciblemente corrupta, y la violenta presión de los cárteles no ayuda, precisamente, a pensar en una limpieza de la vida pública. Es incluso difícil definir México como un narcoestado, lo que sí es probablemente aplicable a Venezuela y Bolivia, porque el mandatario que cuenta con el favor de una banda tiene a sus rivales en contra.

De hecho, ser alcalde o diputado en México es una profesión de alto riesgo, y se cuentan por centenares los candidatos asesinados por el narco; el propio AMLO ha recibido una amenaza de muerte de Jose Antonio “El Marro” Yepez Ortiz, líder del Cártel de Santa Rosa, que en estos momentos libra batalla con uno de los grupos más poderosos en los últimos tiempos, el Cártel Jalisco Nueva Generación.

Esto no solo ha convertido México en uno de los países más violentos e inseguros del mundo, sino que ha dado un control directo, real, tangible y abierto a los líderes mafiosos sobre varios estados y una influencia abrumadora en la política nacional.

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La proximidad del gigante gringo tampoco pone las cosas fáciles. México ha dejado claro en varias ocasiones recientes que considera a los inmigrantes mexicanos en Estados Unidos, legales o ilegales, tan mexicanos como un ciudadano de Guanajuato o Michoacán, y usa la marcha hacia el norte como una herramienta de presión tanto como una bienvenida fuente de ingresos. Esto ayuda en parte a explicar la victoria de Donald Trump como reacción, al tiempo que la victoria de Donald Trump y su agresiva política para frenar la entrada ilegal de mexicanos ayuda en parte a comprender la victoria de AMLO.

AMLO puede ser -es, de hecho- un populista de izquierdas con el mismo discurso simplista que ha arruinado tantos países de la zona, pero es que en México han probado de todo, con poca fortuna. Si hay un país en el que la desesperación ante la clase política explica, si no justifica, elegir a un líder disparatado (“¿cómo podríamos ir a peor?”), ese es México.

La duda, y no menor, es si Estados Unidos puede permitirse -o va a permitirse- una Venezuela en su frontera sur, abiertamente hostil a sus intereses y lanzada a un empobrecimiento que convertirá la actual riada de ‘espaldas mojadas’ en una tromba imparable.