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Trump promete un acuerdo bilateral si el Reino Unido se sacude las cadenas de la UE

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El presidente de Estados Unidos está en Londres, para mortificación de su alcalde, Sadiq Khan, que parece mantener con él un ‘vendetta’ personal, y desde allí ha anunciado que Estados Unidos estaría dispuesto a firmar un acuerdo comercial global con Londres si “se sacude las cadenas” de la UE.

Lo ha hecho, como es costumbre, en su medio favorito, el mismo que le ayudó a su pesar a ganar las elecciones: Twitter. Trump acostumbra a dirigirse a su pueblo de este modo que, a su modo de ver, le permite una comunicación que evada las interpretaciones torcidas de una prensa que, en su inmensa mayoría, le aborrece con odio inextinguible.

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“La relación con el Reino Unido es muy fuerte”, sostiene en una serie de dos tuits. Y acaba: “Además, un gran Acuerdo Comercial es posible una vez que el RU se haya sacudido las cadenas. ¡Ya hemos empezado a hablar!”.

Estados Unidos y la tan cacareada ‘relación especial’ son el Séptimo de Caballería para los acosados partidarios del ‘Brexit’, que han recibido, por lo demás, un espectacular espaldarazo en las recientes elecciones europeas. No solo fue el elocuentemente llamado Partido del Brexit, a solo seis semanas de su fundación, el partido más votado en Gran Bretaña, a enorme distancia del partido en el poder en Westminster; es que ha sido, junto con la Liga de Matteo Salvini, el partido individual que más escaños ha obtenido en Bruselas. Pese a todo el esfuerzo mediático de los eurócratas por presentar los datos del modo más optimista, no parece que los vientos electorales soplen a su favor.

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Esta es una de las grandes bazas del Brexit; la otra, la ayuda del gigante americano que, en la persona de Trump, parece más que partidario de que la desconexión con la UE se produzca ya de una vez.

No está fácil. Ya son años, y el único acuerdo de desconexión que hay sobre la mesa, el firmado por la dimisionaria primera ministra, Theresa May, y rechazado una y otra vez por los Comunes, no es Brexit en absoluto, sino un modo perverso de quedarse como un Estado vasallo de Bruselas.

El Reino Unido se ha metido él solito en un laberinto de pesadilla que ya ha costado la dimisión a dos primeros ministros y que no tiene visos de acabar pronto. Hasta ahora, lo único que han conseguido es alargar la agonía más allá de lo que nadie pensaba posible.

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Ningún político parece querer apechugar con las consecuencias electorales de coger este toro por los cuernos. Porque una decisión clara y tajante, sea cual fuere, va a tener consecuencias dolorosas, sí o sí.

La versión cuasi oficial, la de los grandes medios dentro y, especialmente, fuera del Reino Unido es que los votantes del “no” en el ya viejo referéndum actuaron engañados y sin hacerse una idea de las mil y unas ramificaciones de la decisión de salir de la Unión y de las peligrosas incertidumbres que abre la despedida para la economía británica.

Y, sí, tienen razón. Pasa, por lo demás, en cualquier votación de esta embergadura. Pero lo que es cierto para los ‘leavers’ también lo es para los ‘remainers’. Nadie puede pretender saber qué traerá para Gran Bretaña -o, ya puestos, para cualquier Estado miembro- mantenerse en un ‘club’ en constante mutación.

Pero no es el único autoengaño de los ‘remainers’ este de un paraíso de armonía europea, o del infierno que se abre en caso de despedida; también se engañan en imaginar que pueden ignorar el resultado del referéndum -por las bravas, o convocando una segunda consulta- y aquí no ha pasado nada, pelillos a la mar.

Un segundo referéndum, naturalmente, sería una burla -en el muy discutible caso de que no lo volviera a ganar el “no”-, ya que, ¿por qué iba a valer su resultado si no valió el anterior? ¿Porque ahora el votante tiene más información? Bueno, dentro de un año tendrá todavía más, y así in aeternum.

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Por otra parte, no hay margen para un nuevo acuerdo aceptable, porque Bruselas ha dejado muy claro que no va a volver a sentarse a negociar, que lo toman o lo dejan. Y no es una amenaza vacía, porque la eurocracia no puede permitirse un solo gesto de debilidad en este asunto, o le saldrán consultas de este tipo como champiñones en noviembre.

En estas circunstancias, es dudoso que el apoyo comercial norteamericano compense lo que pueden perder con su marcha de la UE, pero no es como si Londres tuviera muchas opciones por el momento.