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Trump ‘trolea’ a los demócratas con su propio ‘impeachment’

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Cada vez parece más claro que la investigación anunciada por la demócrata Nancy Pelosi para la impugnación del presidente Trump ha sido el mayor error estratégico del partido desde hace décadas, un error que el presidente está explotando con vistas a su reelección.

Uno tiene que estar siempre en guardia contra las teorías de la conspiración, viendo por la experiencia diaria cuán a menudo los resultados derivan de torpezas, errores, casualidades y carencias humanas. Sin embargo, en el caso de la investigación para la impugnación del presidente Trump anunciada a bombo y platillo por Nancy Pelosi presidente demócrata de la Cámara de Representantes, si tuviéramos que apostar lo haríamos por que el presidente les ha preparado un trampa monumental a sus enemigos, en la que han caído como un solo hombre.

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Veamos. Pelosi anuncia anuncia triunfal que -¡al fin!- van a iniciar una investigación para impugnar al presidente en el Congreso, algo que lleva intentándose desde el minuto uno de la Presidencia Trump y que se esperaba conseguir con las pesquisas que han durado dos años sobre la famosa -y ridícula- ‘trama rusa’.

De ahí, ya lo saben, no salió nada, pero esta vez sí que sí. Resulta que un informante -un ‘whistleblower’, figura que en Estados Unidos tiene el prestigio de un héroe y protección legal específica- ha revelado que el presidente Trump, en una conversación telefónica con el presidente ucraniano Zelensky, le presionó hasta el chantaje con ayudas al país para que investigara los tejemanejes financieros de Hunter Biden, hijo de Joe, su hasta entonces más probable rival por la Casa Blanca en 2020. ¡Qué escándalo, señores!

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Pero, a partir de aquí, todo empieza a estropearse. Para empezar, los medios se ven obligados -en la mayoría de los casos, muy a su pesar- a fijarse lo que en su momento optaron por ignorar: cómo en su día Biden, entonces vicepresidente con Obama, logró que el gobierno ucraniano cesara fulminantemente al fiscal que investigaba por corrupción a la gasística que había contratado a su hijo Hunter con un sueldo de 50.000 dólares mensuales pese a carecer completamente de experiencia. Biden reconoció que le había informado a los ucranianos que, o cesaban al inoportuno fiscal, o ya podían olvidarse de las ayudas.

Para Biden, el efecto ha sido, en la práctica, perder todas las esperanzas de ganar la nominación demócrata. Los donantes de su campaña, como las proverbiales ratas, han empezado a huir, y ha recaudado por debajo de sus rivales más inmediatos, e incluso de alguno con nulas posibilidades.

Lo siguiente es que Trump saca inmediatamente la transcripción literal de la conversación de marras, algo que ni en sueños esperaban que hiciera. Y no, no dice lo que los demócratas dicen que dijo. No hay quid pro quo, no hay amenazas, no hay chantaje. Como dice ahora él mismo sacando pecho, solo pide a un mandatario aliado que investigue un grave caso de corrupción que afecta a políticos de su país, “como era mi obligación”.

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Pero parece ser que Pelosi lanzó su iniciativa, acuciada por sus impacientes correligionarios, sin haber leído la dichosa conversación. Quien sí lo sabía todo sobre el asunto, días antes del anuncio, es el diputado demócrata y jefe del Comité de Inteligencia de la Cámara, Adam Schiff. Y aquí la cosa se pone muy seriamente oscura. ¿Qué informante es este que se dirige primero al partido rival y no a las autoridades, y que espera tranquilamente que este elija el momento más conveniente para utilizar la información? La tesis más extendida es que el ‘whistleblower’ heroico no existe, que no son más que miembros de alguna de las agencias de inteligencia ocupadas en espiar a Trump y arruinar su presidencia. No es en absoluto la primera vez, pero eso es tema para otro artículo.

El último episodio es que los republicanos han pedido a Pelosi que someta a voto el inicio de la investigación para la impugnación, como se ha hecho en las dos ocasiones de ‘impeachment’ del último medio siglo, Nixon y Clinton. Y Pelosi se ha negado, alegando que no está obligada a hacerlo.

Y, sí, es cierto, pero ¿por qué no? ¿Por qué se niega a someter a voto el iniciar una investigación de ‘impeachment’, cuando tiene los votos de sobra, al menos 226? ¿Y por qué sus rivales políticos la animan a que lo haga?

Otra trampa. En primer lugar, hay muchos demócratas que se presentan a las elecciones en ‘territorio hostil’, candidatos que pueden ganar el escaño por su programa, siempre que no se enreden en una operación para expulsar de la Casa Blanca al presidente legítimamente elegido. Es decir, hay muchos representantes demócratas que, si no queda otra, votarían por iniciar la investigación, pero que preferirían no tener que pronunciarse.

Pero, además, forzar el voto permitiría a los republicanos citar documentos y testigos e investigar todas las revelaciones que rodean la denuncia del misterioso informante sobre las conversaciones de Trump con las autoridades ucranianas.

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