A diferencia de la versión del Gobierno de Pedro Sánchez, que minimizó las incursiones navales marroquíes en Ceuta tildándolas de «hecho puntual», en el Cuartel General de la Armada española la tensión se vivió al máximo nivel. Fuentes militares confirman que la persistencia de las maniobras alauíes provocó una tensa llamada de alto nivel entre las dos armadas con un mensaje contundente desde Madrid: «¡Basta ya!».
Incursiones deliberadas y maniobras sin permiso
El incidente se desencadenó tras el asalto migratorio del 30 de julio, coincidiendo con la festividad del Día del Trono. Varios buques de la Marina Real marroquí —entre ellos la fragata Hassan II y diversas corbetas y patrulleras procedentes de la base de Ksar Sghir— entraron repetidamente en aguas españolas rodeando Ceuta sin pedir autorización.
Frente a la versión de medios marroquíes como Le360, que calificaron las maniobras de «paso inofensivo», los mandos españoles confirman que no se trató de un tránsito accidental, sino de una vulneración intencionada del mar territorial. La situación alcanzó tal grado de provocación que incluso se estuvo a punto de registrar una colisión entre patrulleras de ambos países.
Despliegue de disuasión en el Estrecho
La presión militar de Rabat no se limitó al mar: Marruecos también movilizó cuatro aviones militares hacia Tetuán y puso en órbita sobre el Estrecho sus satélites espía Mohamed VI–A y Mohamed VI-B.
Ante la falta de respuestas convincentes por parte de Rabat, la Armada española decidió actuar. El 4 de agosto envió a Ceuta el Buque de Acción Marítima (BAM) Rayo, al que posteriormente se unieron el Tornado y las fragatas Santa María y Navarra. Este despliegue naval, mantenido en discreción hasta ahora, respondió directamente a la necesidad de reforzar la vigilancia marítima, proteger la soberanía nacional y frenar el pulso presentado por el país vecino.