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TINTO Y EN BOTELLA

¿Rioja o Ribera del Duero? ¡Quédate con las dos!

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Es relativamente común escuchar a dos aficionados al vino enzarzarse en acaloradas discusiones acerca de cuál debe ser considerada la región nº 1 del vino español y, entre ellas, Rioja o Ribera del Duero son las dos denominaciones más en pugna.

Son muchos los que defienden que deben ser la DOCa Rioja y sus vinos cargados de historia los elegidos, mientras que muchos otros opinan que nadie puede cuestionar la hegemonía de la fruta y la intensidad de los tintos de la Ribera del Duero.

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Rioja es esa maravillosa región que se extiende al este del río Ebro y que cuenta con cerca de 800 bodegas esparcidas por sus 65.000 hectáreas de viñedos. Su historia moderna comienza en 1850, cuando los posteriormente nombrados Marqués de Murrieta y Marqués de Riscal decidieron importar técnicas bordelesas como la crianza en barrica de roble. Más tarde, en 1926, la denominación alcanzó otro punto fundamental al constituirse su consejo regulador. En sus suelos arcillosos y aluviales se cultivan las tradicionales viura, malvasía y garnacha blanca que ofrecen tras el paso por barrica emocionantes vinos blancos, cremosos y especiados.

Tempranillo, garnacha tinta, graciano y mazuelo definen la mayoría de cupajes clásicos para los tintos reserva o gran reserva, al tiempo que protagonizan modernos tintos monovarietales de menor crianza que en ocasiones recuerdan a los de la DO Ribera del Duero. También encontramos vinos sorprendentes elaborados con variedades minoritarias como la maturana tinta o el tempranillo blanco, jugosos tintos de maceración carbónica y frescos rosados de garnacha.

La Ribera del Duero es esa región de clima continental y fuertes contrastes térmicos que un visionario llamado don Eloy Lecanda Chaves quiso convertir en el Médoc español allá por 1864, en unos viñedos conocidos por aquel entonces como Pago de la Vega Santa Cecilia y Carrascal, hoy Vega Sicilia. Él apostó con fuerza por las variedades bordelesas, pero también por el tempranillo y por el potencial de los suelos elevados y calizos de la Ribera. Por aquel entonces sus vinos se calificaron como “vino de mesa”, y no sería hasta 118 años después, en 1982, cuando se fundó, con tan sólo 9 bodegas, el consejo regulador de la DO Ribera del Duero.

Desde entonces, mentes privilegiadas como la de Alejandro Fernández han catapultado la complejidad de los vinos de la Ribera al cielo de la calidad, con la uva tinta del país como esencia de su discurso. Hoy, la moderna Ribera del Duero ofrece golosos tintos roble, equilibrados tintos crianza, señoriales reservas y eternos gran reserva, así como espléndidos e intensos vinos rosados.

¿Deberíamos entonces forzarnos a elegir entre la redondez de los vinos de la Ribera del Duero y la finura de la DOCa Rioja, o sería más sensato gozar de sus diferencias y similitudes al mismo tiempo? Huelga contestar y urge agarrar una copa de vino.

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Por el equipo de Vinissimus