YA NO CUELA

El negro de Vox

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Elisa Beni le ha explicado con paciencia de misionero anglicano decimonónico que no sabe ser negro, porque la progresía tiene asignado un papel a los negros, y ay del que se salga de él.

Ahora que podemos mirar tranquilos las noticias que nos llegan por Facebook -el medio informativo más frecuentado del mundo, a enorme distancia del siguiente-, porque han contratado la empresa de Ana Pastor, la de La Sexta, Newtrall, para que nos filtre la deleznable propaganda fascista, podemos ver en vivo y el directo a los guionistas de la Verdad Oficial en pleno episodio esquizoide cuando se suceden demasiado cerca noticias parecidas de sesgos contrarios.

Así, en rápida sucesión, hemos tenido un ataque mortal a mezquitas en Nueva Zelanda (contar hasta los pelos de la nariz del asesino, relacionarlo con VOX, llamarlo ‘cristiano’), una masacre con más del doble de víctimas (120) en Nigeria, de musulmanes contra cristianos (ignorar por completo: ¿a quién interesa lo que pase en un país de negros que ni siquiera saben quién era Franco?), y la venganza de un turco por el ataque de Nueva Zelanda (“se ignoran los motivos”; alerta ante un rebrote de la islamofobia). Imagino un día en que un becario mezcle los papeles y se líe parda.

Ser progresista -ser de izquierdas, en un sentido amplio- es ir por la vida pública con presunción de santidad, estar, en palabras de Obama, “en el lado correcto de la Historia”, y en eso, más que en ninguna otra cosa, se advierte quién tiene el poder, con independencia de quién ocupe transitoriamente el gobierno: en que la izquierda puede hacer y decir impunemente lo que es un imperdonable delito político en la izquierda.

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Hay un camerunés, Bertrand Ndongo, que vive entre nosotros y al que España le parece un país estupendo, y eso es falta grave. Elisa Beni le ha explicado con paciencia de misionero anglicano decimonónico que no sabe ser negro, porque la progresía tiene asignado un papel a los negros, y ay del que se salga de él.

El camerunés que apoya a VOX pone en su sitio a Griso tras cuestionar su opinión sobre Franco

Susana Grisso ya ha advertido a Ndongo que él no puede hablar de Franco porque… porque… Bueno, como no puede decir el porqué que le quema en la lengua suelta: porque Ndongo solo tiene 30 años y no ha vivido la represión franquista. A diferencia de Grisso, suponemos, o de todos los redactores de La Sexta, que han hecho del anterior jefe de Estado el muerto más vivo del panorama mediático.

Lo mejor es que en los epígrafes que clasifican las noticias, Ndongo es, simplemente, “el negro de Vox”. Como dice el tuitero @MGaussage, solo eres ‘el negro’ si eres de Vox; en otro caso, eres ‘subsahariano’.

Ha sucedido también con un homosexual -porque se define así y porque lo ‘pasean’ por su condición-, que tampoco está dispuesto a ajustarse al guion que le ha preparado amorosamente la izquierda, y que también aparece como un monstruo de feria en los epígrafes de La Sexta: el homosexual de Vox.

La izquierda se siente propietaria legítima de esos ‘colectivos’ que espera disciplinados y homogéneos: mujeres, homosexuales, no blancos, inmigrantes, indígenas… Son ‘suyos’, y si se saltan el guión, es que no son REALMENTE mujeres, homosexuales, etcétera.

En cuanto a las dos varas de medir, en general, también lo estamos viendo ahora que Vox ha elegido como candidatos a cuatro generales en la reserva. Margarita Robles, ministra socialista del ramo, ha tenido las santas narices de decir que «sería bueno que no tuvieran la tentación de utilizar a las Fuerzas Armadas». A diferencia, no sé, de Podemos, que fichó al mismísimo ex JEMAD, o del propio PSOE, que para nada le sacó rédito electoral a la teniente Zaida.