OPINIÓN

Michavila, el sociólogo de Génova

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Las encuestas de Gad 3 coinciden con la estrategia del PP

De aquí al 28 de abril, el PP y sus sociólogos de cabecera no se van a cansar de repetir que votar a Vox perjudica al centroderecha. Dirán que fragmenta el voto y eso le hace perder escaños a un supuesto bloque de derechas que de ser ostentado enteramente por el PP ganaría mucha más fuerza. Uno de los sociólogos que repite mucho estas consignas es Narciso Michavila, jefe de la empresa encuestadora Gad3, que en las elecciones andaluzas dio a Vox un 6,8% del voto y entre 3 y 4 escaños, aunque ahora diga que sólo se equivocó por dos puntos en una encuesta secreta que al parecer hizo el mismo día de las elecciones. Vox sacó en esas elecciones un 11% del voto y 12 escaños. Las encuestas de Gad3 coincidían además en darle la mayoría absoluta al bloque formado por PSOE, C’s y Adelante Andalucía, pero nunca al bloque formado por el PP, C’s y Vox.

Como en las elecciones andaluzas se demostró que la tesis de la fragmentación era completamente falsa –gracias a esa división cayó el régimen socialista andaluz por primera vez tras casi 40 años–, ahora dicen que el sistema electoral en unas elecciones generales es distinto al de unas autonómicas, y ahora sí que sí el voto a Vox puede servir para mantener a Pedro Sánchez en La Moncloa.

Es la misma mentira con el mismo collar. En realidad, el sistema electoral funciona igual ahora que entonces, y los escaños se reparten igual. El problema del PP y de sus estrategas es que no se creen que su discurso político les sirva para ganar unas elecciones. Básicamente, no creen en sus propias ideas. Por eso están siempre tan a la defensiva y por eso tienen tantos complejos. Y como no creen en sí mismos, creen que la única manera de conseguir votos es mostrar un perfil bajo, apelar al voto del miedo y suplicarle a sus votantes que no les abandonen.

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Esto es una estrategia perdedora. No sólo a nivel electoral, sino en todos los ámbitos de la política. Sin ir más lejos, por culpa de esos complejos, la izquierda y el separatismo llevan gobernando España ininterrumpidamente desde hace décadas. A veces con gobiernos del PSOE y a veces con gobiernos del PP, pero siempre con las mismas ideas: las de rendirse ante cualquier problema que se les presente.

¿Por qué le da miedo al PP defender su propio programa? Eso es algo que habría que preguntarle a sus dirigentes y asesores, pero lo cierto es que cada vez menos votantes compran ese discurso del miedo. Y para muestra, el botón de Andalucía. En las últimas elecciones andaluzas, había una oportunidad única de derrocar al régimen del PSOE: Susana Díaz estaba envuelta en el escándalo de los ERE y las encuestas decían que el voto a Vox impediría formar una alternativa de cambio. Aún así, 400.000 andaluces decidieron votar a Vox y darle 12 escaños en el Parlamento andaluz. 400.000 personas que sabían –porque así lo había pronosticado todo el mundo– que su voto podía impedir un cambio histórico.

Esos votantes se arriesgaron. Y ganaron. Justo lo que no hace el PP. Porque el PP no juega a ganar, juega a ver si los demás pierden, siempre a la defensiva, y se le nota. Pero tampoco esta vez les funcionará la estrategia. Fijémonos en una cosa: en las elecciones andaluzas, Vox era un partido relativamente inútil. Tanto su campaña como sus propuestas se centraron en temas nacionales, temas para los que sus actuales 12 diputados autonómicos no iban a tener competencias. Y aún así 400.000 personas decidieron confiar en ese partido. Imaginemos cómo se puede traducir esto en unas elecciones nacionales.

Ahora la estrategia consiste en decir que la fragmentación del voto de derechas beneficia a la izquierda en las provincias pequeñas e impedirá una mayoría pro-155 en el Senado. Esto es falso por dos motivos: primero, porque el sistema electoral en el Congreso es bastante proporcional, con lo que la entrada de Vox lo único que hace es perjudicar a la izquierda; y segundo, porque sabemos que una mayoría del PP en el Senado no garantiza en ningún caso la aplicación del 155 contra el gobierno en rebeldía de Cataluña. Porque el PP tuvo y sigue teniendo mayoría absoluta en el Senado, y lo más que hizo fue disolver in extremis el gobierno de Puigdemont para convocar unas elecciones que volvieron a ganar los golpistas. ¿De qué sirve una mayoría del PP en el Senado si luego aplica el 155 que le dictan el PSOE y Ciudadanos, como ya sucedió entonces?

El PP sabe que votar a Vox no perjudica a un supuesto bloque de derechas, de hecho lo beneficia y mucho como vimos en Andalucía. Si apela al voto del miedo contra Vox es porque para el PP el verdadero rival de estas elecciones no es el PSOE, con quien básicamente se ha venido repartiendo el poder durante décadas, sino Vox, que sí amenaza ese poder con su estrategia de salir a ganar.

Durante años, hemos visto al PP recurrir al argumento del “voto útil” para secuestrar el voto de la derecha, pero precisamente las elecciones andaluzas han demostrado que el voto útil es votar al partido que defiende tus intereses.