YA NO CUELA

«¡Qué pesados!»

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El caso de Fernando Paz evidencia que no se trata de las ofensivas normales en democracia contra un partido rival.

Anoche en El Gato al Agua, el concejal socialista Miguel Ángel Ferrero dijo de Fernando Paz, candidato que encabeza la lista de Vox por Albacete en las generales, que cuestionaba ideas «aceptadas por todo el mundo», sugiriéndome así la clave del particular odio que suscita el partido de Abascal y el ataque rastrero, salvaje y sin precedentes que sufre el propio Paz estos días.

He hablado recientemente de la persistencia del bipartidismo, de como la vida política, pese a ser en teoría numerosos los modelos de sociedad que se pueden defender, acaba reduciéndose a dos bandos. Pero, en otro sentido, lo que estamos viviendo en España, reflejo de lo que viven los países de nuestro entorno, es en realidad un régimen de partido único.

Me refiero a esas «ideas aceptadas por todo el mundo». Ferrero ha puesto, sin quererlo, el dedo en la llaga, y es que existen, en efecto, unas ideas aceptadas, sino por todo el mundo, sí por toda la clase política, y son tan cruciales para nuestra civilización que todo el resto son minucias, detalles. Y, por supuesto, nombres y tribus.
En teoría democrática, esto es la negación misma de esa diversidad de ideas -la única diversidad que, lejos de fomentarse, se reprime- que resulta imprescindible en un régimen abierto. Y la unanimidad en el ataque frontal por parte de todos los partidos al surgimiento de Vox es una señal de que eso es exactamente lo que pone en riesgo la formación verde: los dogmas monolíticos del moderno progresismo.

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El caso de Fernando evidencia que no se trata de las ofensivas normales en democracia contra un partido rival. El ‘diario de reverencia’, El País, gastó un codiciado espacio para acusar en un titular a Paz de «seudohistoriador, negacionista y homófobo».

«Seudohistoriador» es una mera pataleta. ‘Memoria histórica’ es como llama el poder a imponer una única y maniquea visión del pasado, exactamente en el mismo sentido que El País llama ‘fake news’ a recuperar su viejo monopolio -el suyo y el de sus falsos rivales- sobre la realidad del presente. Quien controla lo que sabemos del pasado y el presente controla el futuro. Así que Fernando, que disputa con fríos datos la versión que favorece Prisa, tiene por fuerza que ser un falso historiador.

«Homófobo» es una palabra que, como recordará cualquiera con cierta edad, ni siquiera existía hace unas décadas, y se inventó para, al modo de la Unión Soviética, tratar de diagnosticar científicamente al disidente, en este caso con relación a la homosexualidad. Esa terminación griega retiene su aire aséptico y asustante de enfermedad, razón por la que se ha ampliado y aplicado a todo aquello que no se puede pensar. Son palabras tapabocas, palabras mordaza, no hay más.

En cuanto a ‘negacionista’, aquí entramos en el terreno de la calumnia tipificada, porque el negacionismo es un delito penado en nuestro Código Penal. Veamos si los chicos de Prisa consiguen demostrar en los tribunales su frívola acusación.

Pero lo más curioso de esas ideas que, como acertadamente dice Ferrero, «todo el mundo» da por sentadas, es que son de ayer por la tarde, al menos en su expresión actual exacerbada.

Hace pocos años vi en un cartel de la Fiesta del PC que participaba el grupo Siniestro Total, el más gamberro de mi adolescencia. Tienen un historial impecablemente contestatario y rojo, como prueba su inclusión en la festividad comunista. Empecé entonces a repasar mentalmente los títulos de sus canciones más conocidas, y me di cuenta inmediatamente de que absolutamente todos serían ‘haram’ para nuestros mandarines culturales. Imposibles de repetir, escandalosamente ofensivos para los delicados oídos de la modernidad.

Y entonces me di cuenta de que el caso se repite casi invariablemente, esos peligrosos radicales de mi juventud, los representantes de las ideas más enloquecidamente modernas, convertidos en carcas sin remedio, no porque cambiaran un ápice sus ideas, sino porque el consenso moderno ha avanzado hasta el extremo a la velocidad de la luz.

Pensé en cómo el izquierdista y catalanista Joan Manuel Serrat ha sido hoy acusado de ‘facha’ por las críticas más suaves al secesionismo catalán. O cómo el encarcelado por Franco, exiliado en Francia, irreverente fustigador de la caverna, Albert Boadella, encabezaba una humorística pero firme resistencia contra ese mismo secesionismo y era, una vez más, arrinconado por ‘facha’.

O en la musa de Almodóvar, Carmen Maura, el rostro de todo lo modernísimo y rompedor no hace tanto, a la que ahora las niñitas que hacen prácticas en los medios miran como se mira a un prodigio de feria por decir lo que le dicta el sentido común, a saber, que lo que se está haciendo con los varones al criminalizarnos en bloque es un disparate.

En una reciente entrevista, Maura responde a la enésima entrevista perpleja terminando con un delicioso «¡qué pesada!», y así es como quiero terminar yo esta columna. ¡Qué pesados!