TRIBUNA

8M: Mi mujer no puede ir

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No suelo hacerlo, porque personalizar no siempre es lo correcto, pero mientras las principales televisiones jalean la pseudo huelga feminista de hoy y sus divas más mediáticas no trabajan porque tienen que acicalarse en sus mansiones para estar guapas esta noche en la manifestación de Atocha, mi familia se ponía en marcha esta mañana a las 6 de la madrugada.

Mi mujer es trabajadora y hoy ha tenido que buscarse la vida para poder acudir a su puesto de trabajo temporal, del que le restan 3 días de contrato, porque los sindicatos de Cercanías y de Metro de Madrid (mayoritariamente formados por hombres) se sumaban a la huelga y han suprimido servicios.

Mi esposa me ha dado dos hijas maravillosas, son pequeñas y van al colegio, pero debido a que sus papás madrugan para trabajar y la conciliación familiar en España es manifiestamente mejorable, tienen que estar en el cole de las primeras. A las 7:30 de la mañana.

De conciliación familiar no se hablará hoy en la huelga feminista, de estos problemas cotidianos de la España que madruga no dirá nada el macho alfa de Podemos, el que sueña con azotar a periodistas y patear fachas desde su casoplón de Galapagar.

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Creo que mi mujer y yo somos fachas, lo somos porque trabajamos y pagamos nuestros impuestos, porque votamos a la derecha y porque creemos en la familia tradicional. Creemos en el esfuerzo individual y en la sociedad capitalista que nos ha permitido vivir mejor que nuestros padres y tener una vivienda en propiedad sin ayuda de Papá Estado.

Mientras daba el desayuno a mis hijas, mi mujer había conseguido subirse a un tren. Le esperaban dos horas de viaje para llegar a la oficina. Muchas mujeres como ella viajan a diario a Madrid para llevar a casa un salario digno con el que mantener a sus familias. No piensan en el heteropatriarcado opresor, ni en el mansplaining, ni en sandeces como el lenguaje inclusivo. Sueñan con poder estar más tiempo en casa con los niños o con su marido. Piensan en ahorrar para un viaje, para comprar ropa o en qué hacer el fin de semana con sus amigos (y amigas, perdón).

Principalmente piensan en lo mismo que pensamos los hombres. Porque en el fondo somos iguales y España es un país donde la igualdad y los derechos individuales están garantizados desde hace muchísimo tiempo, aunque desde la izquierda se necesite continuamente hacer un retrato horrible y falsario de nuestra nación para colocar su discurso rancio y totalitario. Al fin y al cabo, de eso viven los sindicatos de clase VIP, cientos de asociaciones feminazis, institutos, fundaciones y demás costra adherida al erario público.

Tras dejar a las niñas en el colegio, me he montado en el autobús como todos los días y he visto los mismos rostros conocidos de mujeres y hombres que a diario viajan a la capital para trabajar. En la carretera el mismo tráfico en los accesos. Todo igual, excepto el soniquete de los medios de comunicación, el aroma a podrido de unas televisiones y radios al servicio de esta nueva forma de comunismo llamado feminismo progresista o empoderamiento femenino o ¡qué sé yo!

He escrito a una amiga que trabaja en una fábrica. Me dice que allí nadie ha faltado ni harán huelga, excepto los sindicalistas, que han quedado a las 12 para tomar cañas y defender en la barra del bar a las mujeres reprimidas que sufren la brecha salarial y demás abusos machunos. Lo dicho, todo sigue igual.

Pero lo que me da rabia y me mueve a escribir este artículo, aparte de que algunos mediocres hayan conseguido vivir cómodamente promulgando un discurso marxista y liberticida, es que el objetivo principal de sus peroratas sean nuestros hijos. Mientras la izquierda se echa las manos a la cabeza porque en algunos colegios del Opus se segrega al alumnado por sexo, ellos están a punto de hacer lo mismo inculcando a los más pequeños que el hombre es malo y violento desde que nace y que la mujer es una víctima que necesita de una discriminación positiva para llegar a ciertas posiciones o para lograr sus metas personales. Hoy, incluso, en algunos colegios pagados con nuestros impuestos, los malvados niños no saldrán al recreo a la vez que sus compañeras porque son verdaderos violadores y maltratadores en potencia que se merecen un castigo preventivo.

La nueva ley de violencia de género, las subvenciones a los chiringuitos feminazis, la dictadura mediática comunista y la discriminación entre sexos es hoy en día el nuevo Telón de Acero que debemos derribar los demócratas si no queremos que de nuevo el comunismo gane terreno y vuelva a colectivizar a las personas coartando su libertad individual y sus derechos fundamentales.

El enemigo es éste, y contra él, en esta lucha, debemos estar hombres y mujeres, españoles todos. Libres e iguales.