CON EL DÍA POR DELANTE

8M, sobran los motivos

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Hoy toca pensar en las niñas y mujeres por las que las feministas radicales no moverán un sólo dedo

Sobran los motivos para no unirse al movimiento institucional -perdonen que no lo llamemos huelga- que recorre las calles este 8 de marzo. Basta echar un vistazo al manifiesto oficial -el difundido por la Coordinadora Feminista- para pronunciar un enorme NO a esa lucha ideologizada que nada tiene que ver con la mayoría de los problemas reales de las mujeres, dentro y fuera de España.

El feminismo radical que recorre las calles reclama cuestiones tan relacionadas con la gestión política como el ‘autoconocimiento’ del propio cuerpo; rechaza la ‘educación coitocéntrica’ y exige el acceso a la reproducción asistida para “lesbianas, bisexuales, trans y otras personas disidentes sexuales”. Se reclama el aborto libre y gratuito; se culpa al Estado y a la ‘jerarquía católica’ de esa presunta sociedad ‘heteropatriarcal’ que tanto oprime y se critican, en un antológico ‘churras con merinas’ el día de la Hispanidad -malo, muy malo; colonialista y patriarcal también- y las políticas migratorias.

El capítulo económico (por supuesto desde la nostalgia comunista) pasa por un modelo que apoye a las mujeres en “iniciativas productivas sostenibles” (estas parecen estar vetadas para hombres) y por, ya que estamos, despenalizar a los manteros (¿o sólo a las manteras?). Todo con una banda sonora original -la aportada por el coro feminista Malvaloca- que describe el ‘mundo libre del heteropatriarcado’ como una especie de paraíso en el que, y perdonen el lenguaje, “follar ya no es pecado, seas homo, travelo o trans y el aborto lo financia la Conferencia Episcopal” (pausa para reír o llorar, y ahora seguimos).

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Y mientras, en numerosos países de Asia y África hoy seguirá habiendo niñas sometidas a matrimonios forzosos, mutiladas sexualmente en su más tierna infancia o consideradas ciudadanas de segunda, sin poder ir al colegio, gracias, entre otras cosas, a imposiciones religiosas -no de la jerarquía católica, no, más bien de la peor versión del islam- por las que ninguna de estas feministas radicales moverá hoy un sólo dedo.

Por ellas, hoy, como cualquier otro día, toca ir a trabajar; toca tratar de construir un mundo más justo; toca agradecer a quienes -mujeres y hombres- lucharon hace décadas para que las mujeres en España podamos votar y abrir una cuenta corriente y toca, también, decir a los hombres que estamos con ellos, y no contra ellos, en esta aventura que es la vida. 8M, yo no voy.