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LA OTRA VIOLENCIA

Los abusos sexuales a niños dentro del entorno escolar

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Un caso de abusos sexuales siempre es una desgracia. Para el entorno, para los padres y, por supuesto, para el propio niño o niña. A veces por la necesidad de no querer reabrir episodios difíciles suele tenderse a no presentar denuncia. Y muchos de estos sucesos son por presiones del propio centro escolar, si se producen dentro de éste.

Al margen del signo político, religioso o de principios del centro, a veces sus cargos prefieren evitar el escarnio. Una denuncia por abusos sexuales, si estos son demostrados como evidentes para las autoridades académicas, puede conllevar graves sanciones. Un mecanismo preventivo creado para motivar la denuncia inmediata por el propio centro se acaba convirtiendo en un aliciente al encubrimiento pasivo y activo. Desde el entorno familiar nunca se debe ceder ante lo que no es otra cosa que una extorsión, con intención de impedir que se pueda hacer justicia.

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Nuestros tribunales cuentan con mecanismos depurados para evitar ahondar más en el sufrimiento del niño. Y el resarcimiento no es solo económico, sino moral y de estabilidad para el propio niño al saber que se ha castigado a su abusador. Los profesionales especializados nos encontramos a diario con casos en los que es el propio entorno el que colabora con la impunidad al agresor de forma directa o indirecta.

Cuando sucede un caso de abusos a menores es el menor el sujeto a proteger. No hay más. No cabe para los acusados más protección que la que ya concede nuestro sistema judicial, ni más ayuda que la de la presunción de inocencia hasta que se demuestre lo contrario. No puede haber nada por encima de la inocencia del menor.

Un artículo de Víctor Martínez Patón

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