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Acepten mis disculpas

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Ahora que se estila hacer y publicar ‘estudios’ de toda laya, de los asuntos más peregrinos e insólitos, por aquello del ‘publica o perece’ que rige en el mundo académico, alguien debería investigar cuánto análisis político puede soportar un ser humano medio antes de enloquecer.

España ahora sería un magnífico escenario para una investigación de campo, que hemos tenido en poquísimo tiempo generales, autonómicas, municipales y autonómicas y ahora toca componer ese ‘puzzle’ de chinos, haciendo juegos malabares y trabajando a la vista del respetable.

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Para acabar de arreglarlo, ya no es como estábamos acostumbrado desde la Transición, dos grandes partidos nacionales -PSOE y PP-, uno menos -IU- y la turba de regionalistas, sino que de ámbito nacional mantenemos cinco, que a repartir todo el mundo se queda con menos de lo que solía.

Esta podría ser la ocasión de oro para un buen analista político, de esos que se saben todas las alineaciones como los futboleros de pro y pueden decirte de memoria minuto y resultado de las votaciones en Villasequilla de Yepes, quién guña a quién y quién ha jurado que por encima de su cadáver. Pero no es el caso.

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Por no ser, ni siquiera soy la persona más indicada para el forofismo de partido, de esos que ven a los suyos vestidos de azucena con la flor en la mano y a todos los demás con cuernos y tridente, con memoria de elefante para las incoherencias ajenas y amnesia para las propias. Así que veo el baile con hartura y escepticismo absolutos, deseando que las aguas vuelvan a su cauce y consiga orientarme después de tanto griterío.

Mientras, acepten mis disculpas.

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