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Al desnudo

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En el último episodio, antes de que se interrumpiese la película para ir a la playa, nuestro héroe, Pedro Sánchez, había ofrecido a Pablo Iglesias varios ministerios que el de morado rechazó, juzgándolos, cito, “floreros”.

Hoy, a la vuelta, dice Pedro que ni los floreros, que no le quiere en el gobierno, pero que todavía se podría hablar de darle, no sé, el CIS o algo suelto que quede por ahí.

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Alguna vez he dicho que el gran cambio al que asistimos no es el de una política convertida en cambalache y reparto de cromos. Eso es siempre así. La diferencia está en las formas.

Se supone que eso no se debe ver. Decía Chesterton de su Inglaterra de principios del S. XX que el gobierno podría publicar una lista de precios de títulos nobiliarios porque era evidente que se vendían, pero que era mejor para todos los implicados que no se hiciera así. En la España de hoy, en cambio, un presidente del gobierno puede hablar de una institución estatal eminentemente técnica como el CIS o de la cúpula de un tercer poder que se supone ajeno a los partidos, el Judicial, como si fueran patrimonio personal que se presta a los amigos o se cede como pago a favores políticos.

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Se está levantando la niebla y todo queda más claro. Hoy me entero por el Telegraph británico que el Tribunal de Justicia Europeo que la UE puede reprimir legalmente las críticas políticas a sus instituciones y líderes. Bueno es saberlo. Odio que las tiranías se disfracen.

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