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Avisos y minucias

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Me queda del viejo Trasgo una querencia por el papel, por las cabeceras que fueron hace no tanto la información, la materia de lo que se hablaba en el bar. Es un mal hábito, lo confieso, como el tabaco, porque aunque tiene un retorcido encanto, me aleja de lo real, de lo que de verdad pasa.

Echar un vistazo a las primeras de los diarios fue siempre, en el mejor de los casos, quedarse en la espuma de las cosas. Hoy es simplemente revisar obsesiones e intereses, comprobar qué nuevas trágalas se nos quieren imponer y qué mezquindades vestidas de seda y sonrisa urden nuestros administradores.

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Abre, por ejemplo, hoy El País con la ‘noticia’ sin verbo de que hay ‘Un millón de firmas a favor de despenalizar la eutanasia’, una información que ignoran las otras cabeceras sencillamente porque saben que no es de verdad noticia ni es todavía su guerra.

El truco hastía, de puro usado. Lo hemos visto con todas las iniciativas de ingeniería social y manipulación de la opinión pública en que se ha especializado Prisa, aunque es común en los grandes medios, convertidos en la voz de su amo global. No insistiré ni detallaré las técnicas, que la repetición ha vuelto burdas.

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Lo curioso es que su aparición coincide con una noticia que, siendo una anécdota, un caso, explica lo bastante como para hacerse categoría o, al menos, ilustrarla a la perfección. Me refiero a la muerte de Vincent Lambert en un hospital de Reims. Vincent tuvo un accidente de tráfico que le dejó tetraplégico, y al cabo se decidió iniciar con él un ‘protocolo de muerte’ contra la voluntad de sus padres y hermanos.

No se trataba de ‘desenchufarle’ de costosos aparatos de altísima tecnología que le permitieran vivir artificialmente, en eso que se llama ‘ensañamiento terapéutico’. No, el procedimiento -iniciado por tercera y última vez- consistió en dejar de darle de beber y comer. Vincent ha pasado ocho días muriendo de sed. Ocho días de espantosa agonía. Supongo que esto es a lo que llaman ‘muerte digna’.

No hay que decir que los grandes medios han ignorado esta brevísima ‘previa’ de lo que nos espera, aunque es una noticia que nos debería afectar bastante más que el vodevil de cargos postelectorales, ese ‘juego de la silla’ político, esa telenovela de enredo escrita por un guionista de tercera. Porque la experiencia de las últimas décadas nos enseña que las caras y las siglas cambian, pero la deriva general es siempre la misma, gobierne quien gobierne. Y la meta inevitable está fijada desde hace ya tiempo.

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