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YA NO CUELA

Cher y el carnicero de Moratalaz

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La gran historia de nuestro tiempo es que las nuevas élites, el moderno equivalente del Versalles dieciochesco, han hecho suyo el mensaje de la izquierda radical.

Todo está tan al revés de como se vende, del cuento tradicional, que aún les cuesta a muchos verlo con claridad, aunque con toda claridad se exhibe. Las propuestas más izquierdistas, más extremas, no las proclaman hoy descamisados del arroyo, sino el poder, ese conglomerado de gobierno, estamento oficial de la cultura -cine, literatura, arte, música-, grandes medios, enseñanza y grandes empresas. Creo haber hablado ya de una cuenta de Twitter absolutamente esencial para estas últimas, @WokeCapital.

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No es una locura sin método, sin embargo; no es que la élite se haya vuelto demente y anhele su propia destrucción, en absoluto. Al revés, ha visto en el progresismo extremo la herramienta perfecta para perpetuar su privilegio. Porque la multiplicación de ‘oprimidos’, de víctimas protegidas por su munificencia con cargo a terceros, diluye toda lucha real que pueda poner en peligro su poder.

La gran abandonada, despreciada, citada como mera coartada muy de pasada, es la clase trabajadora, que es siempre la que más sufre con las ocurrencias buenistas de sus amos.

Un ejemplo de actualidad: la gente guapa de California, gente del espectáculo, los nuevos dioses paganos que se mueven entre la limusina y la alfombra roja, lleva dos años clavándole alfileres al muñeco de cera con forma de Trump y exigiendo que se deje entrar a cuantos inmigrantes quieran procedentes de México. Hasta que el presidente ha tenido una gran idea: de acuerdo, pero los que entren será realojados en las ciudades californianas más abiertamente partidarias de abolir los controles de la frontera.

Lo que pasó después les sorprenderá, aunque no debería. Cher, la cantante y actriz ultraprogresista más conocida por sus 37 (la última vez que miré) operaciones de estética que por su arte, usa su cuenta en Twitter para abogar por la entrada indiscriminada de inmigrantes… Pero para que vayan a cualquier otro lugar, no cerca de su casa. Su último tuit es increíblemente revelador, sobre todo comparado con todos los anteriores: “Comprendo Ayudar a los Inmigrantes en lucha, pero MI CIUDAD (Los Angeles) NO SE ESTÁ OCUPANDO DE LOS SUYOS. ¿QUÉ HAY DE LOS + DE 50.000 Ciudadanos QUE VIVEN EN LA CALLE. GNT QUE VIVE POR DEBAJO DEL NIVEL DE LA POBREZA & PASA HAMBRE? Si Mi Estado No Puede Hacerse Cargo de los Suyos (Muchos Son Veteranos) Cómo Puede Hacerse Cargo de Más?” (he querido mantener su idiosincrático uso de mayúsculas y minúsculas: la forma es el fondo en este caso).

¿Ven lo que les digo? La caridad de los poderosos la debe pagar la chusma, esa clase trabajadora a la que la izquierda hoy mira por encima del hombro y aun así considera de su propiedad. “Nada más tonto que un obrero de derechas”, solían decir, pero hoy un obrero de izquierdas -de la izquierda postmoderna- es, directamente, masoquista. Muchos en esa clase siguen votando izquierda, quizá la mayoría, porque están demasiado ocupados trabajando y ocupándose de sus vidas para echarle un ojo a la política y ver cómo hemos cambiado. Pero ya empieza el abandono, la deserción en tropel. Y la izquierda exquisita no entiende nada.

Nieves Concostrina es una periodista de la SER que escribe la siguiente anécdota en Twitter, absolutamente ajena a cómo suena:

“Carnicero del Mercado d Moratalaz d Madrid, en @LateMotivCero, escribiendo el partido al que va a votar:

-Voy a votar a… ¿Vox cómo se escribe, con B o con V?

-Con uve

-Pues a Vox

-¿Por qué?

-No sé… por cambiar

-¿Solo por cambiar?

-Sí.

Ejemplo de español patriota informado”.

Hay que ver cómo está el servicio, pensando por su cuenta. ¿En qué mundo de locos vivimos que un carnicero pretende decidir a lo loco, y no siguiendo el mandato de sus protectores, personas con estudios que saben qué les conviene?