YA NO CUELA

Con las gaitas bien templadas

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La derechita no tiembla solo ante la posibilidad de que la izquierda le llame «facha»; sabe que incluso los ‘suyos’ se le echarán encima como ose plantear con fuerza algún principio tangible, real.

Carlos Herrera, estrella de la radio española, es, desde hace ya años, la estrella de la radio de los obispos, la COPE, y más de un católico ingenuo puede sentirse algo perplejo de que la Conferencia Episcopal tenga por referente de sus medios de comunicación a quien se ha mostrado partidario de mantener la ley del aborto o el matrimonio homosexual.

Quisiera decir que participo de esa perplejidad, pero mentiría: la familiaridad acaba con el estupor, y a estas alturas ya todos sabemos de qué va la vaina. Los obispos españoles, por decirlo breve, están a otras cosas. Y tampoco puede decirse que a Herrera no se le haya pegado nada de sus patrones clericales, al contrario, como pudimos comprobar este jueves en su monólogo.

Se le ha pegado el lenguaje, se le han pegado los complejos, se le ha pegado la timorata equidistancia. Herrera habló de la manifestación del domingo en la Plaza de Colón de Madrid y dijo que sí, que vale, pero la puntita nada más. «Hay algo que conviene… Hombre, aconsejar siempre en estos casos», dijo. «Desde luego, la sobreactuación no es el mejor consejo que se le puede dar a nadie en situaciones de especial crisis política. No quiero decir con eso que la que la concentración, la manifestación lo sea. No, quiero decir que hay que llamar a las cosas claramente por su nombre, pero tampoco exagerar. Y que todos aquellos que vayan a la manifestación sepan, hoy lo escribe muy bien Luis ventoso en ‘ABC’, que no deben tener miedo a que les llamen franquistas, “guerracivilistas”, fascistas, ultras, crispadores, etcétera, etcétera. Que se lo van a llamar, con lo cual, tranquilidad y buenos alimentos».

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Ya saben: no exageren. Y ese pánico, ese terror que tan bien ha funcionado hasta la fecha de que les llamen cosas feas. ¿A dónde se puede ir con esta derecha? ¿Cómo no va a perder siempre, cada vez, aunque gane?

La izquierda gana siempre porque no tiene ningún miedo, porque se siente totalmente legitimida por la cultura, por el mito social imperante. La izquierda sigue su plan trazado y no teme exagerar, al contrario: exagera siempre y sin límites. Huele el miedo de la derechita y sabe que sus pataleos son los sollozos del débil, del derrotado preventivo.

Porque la derechita no tiembla solo ante la posibilidad de que la izquierda le llame «facha»; sabe que incluso los ‘suyos’ se le echarán encima como ose plantear con fuerza algún principio tangible, real, más allá de un retórica en la que nadie cree.

De hecho, lo que alivia a COPE, lo que le permite no fruncir el ceño clerical a la manifestación del domingo es que -leo en su página de Internet- «el socialismo también se manifiesta contra las humillaciones de Sánchez a España». Habrá socialistas en la marcha, ya podemos aprobarla, Laus Deo!

Pero sin exagerar, que el PNV ya ha dicho, por boca de Andoni Ortuzar, «que no nos esperen en Colón», y el PNV es un partido honrado y constitucional y leal, ¿verdad? Uno se pregunta, como hace en Twitter Mercedes @MVeterinarian, qué hipérbole de egocentrismo supone «alardear de no ir a una manifestación que se convoca en tu contra».

Mientras, la izquierda y el nacionalismo exageran sin pudor, el Gobierno se prepara para negociar con una región española como si fuera Westminster acordando descolonizar un lejano dominio y Natalia Sánchez, diputada de las CUP, considera que poner estiércol en los juzgados es “una acción simpática”.