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Consultas regias

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Hay un personaje entrañable en el sainete tragicómico de la vida que es el matasiete, el ‘miles gloriosus’ de Plauto por lo civil, el Falstaff de andar por casa, ese que cuenta en la peña o en familia cómo “le paró los pies” a García, de Contabilidad, o “le calló la boca” al mismísimo supervisor. Decir que el relato literal de la hazaña difiere por lo común de lo que fue según el resto de testigos es quedarse muy corto.

Este papel lo ejercen muchos líderes políticos, al menos, en una ocasión: cuando tienen que reunirse con el Rey en consultas tras unas elecciones generales. Desconozco el ánimo de Su Majestad, pero imagino que la ocasión tendrá para el Rey no poco de mortificación aneja al cargo y bastante de comicidad, este oír a los jefes de los partidos declarar ante los periodistas lo que le dijeron y saber íntimamente lo que de verdad le dijeron.

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No sé, hagan sus apuestas. ¿De verdad creen que Laura Borrás, diputada por Junts per Catalunya, manifestó que en España hay presos políticos, que el discurso de Su Majestad fue detonante de la violencia policial, que fue a votar el 1-O y que Cataluña no tiene rey? Para una primera charla con la máxima autoridad -es un decir- del Estado, suena un poco precipitado y violento, la verdad. ¿En serio le dijo Alberto Garzón, el ‘bibelot’ de Iglesias para los días de lluvia, que “su discurso tras el 1-O fue un error”? A mí me sale más imaginarme a don Felipe en un aparte al Jefe de la Casa Real: “Escucha, Jaime, que te vas a reír…”.

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