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Un contador de historias

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Se define como un contador de historias: “Intento contar historias personales con una mirada propia. Una vez escuché, ‘si eres capaz de contar qué pasa en tu barrio, comprenderás el mundo’. Hacerlo en TVE es un privilegio”. Quedas con Carlos del Amor, periodista cultural de TVE y escritor, para hablar de sus recuerdos, su vida, de sus sueños antes de marchar a Madrid y le pides que elija un lugar para tomar un aperitivo. Son casi las dos y cuarto de la tarde, la cafetería está situada junto a un colegio y, de repente, la calle se atesta de niños arrastrando sus mochilas y con cara de querer zamparse a cualquiera que se cruce por delante.

Los recuerdos se agolpan en su cabeza y comienza a pasear la mirada por escenas de su vida, “vivo justo al lado, casi me permite levantarme y, en zapatillas, bajar a tomarme un café. Estudié en este colegio, Capuchinos. Me iba a jugar al fútbol una hora antes de empezar las clases, éramos todos de calle”. Este espacio te permite, “estar en una terraza todo el año, el clima es una gozada. Tengo otros lugares que no me pueden faltar como son la plaza de las Flores para tomarme mi caña y marinera y, para la noche, el bar de copas Contracorriente, soy muy de música española, el pop y rock español. Me hacen sentir en casa”. En la plaza Circular retoma el pulso, “recuerdo que, jugando al futbol, de niño, rompí de un balonazo el luminoso de neón. Además, tiene como nombre una canción de Sabina, Princesa, ¿qué más se puede pedir?”. Y es que, “leer un periódico, en la terraza, me permite ver la vida pasar. Suelo reencontrarme a la gente del barrio. Puedo pasar toda la mañana, me encuentro con mi vida entera, es un punto de encuentro que me viene muy bien. Cuando estás fuera y regresas valoras que la gente tenga nombre y apellido, la proximidad… el encargado del bar, el del parking, un antiguo profesor que sale del colegio, siempre hay alguien que te pone al día”.

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Y un café, “me voy acostumbrando a madrugar, me gusta ese café de la mañana que te hace arrancar. Siempre con leche y en vaso, no me gusta en taza”. Sin perder el contacto, “siempre leo en Internet sobre Murcia. Es el lugar donde crecí, estudié, empecé a desarrollarme profesionalmente, donde están mis amigos, mi familia, mi base. Donde sé que me encontraré con el mar. Al regresar, contemplo su evolución, veo que las aceras son más anchas que la última vez que estuve, ya hay un tranvía… me gusta que se mantenga esa esencia de ciudad pequeña, el poder desplazarte andando”. Reconoce ser muy urbanita, “pero asomarte aquí es respirar una estampa ajardinada y el agua de la gran fuente central”.

Y, hablamos, como no podía ser de otro modo, de la profesión, “el futuro es incierto para todos. Pero, está claro, siempre se necesitará un periodista para contar historias. La tecnología y un ciudadano que aporte historias son sólo un apoyo. La historia debe contarla un periodista, el espectador quiere que le cuenten de forma rigurosa la noticia”. Es inevitable echar una mirada atrás y preguntar qué pensaría aquel joven Del Amor cuando se planteaba sus proyectos de futuro, “mi evolución profesional ha superado los retos que me había propuesto en un inicio. Ni siquiera los había planteado como reto, cuando empecé solo quería contar historias. Al pasar por Torrespaña pensaba: ‘Quien pudiera llegar hasta allí’. Haberlo logrado es un regalo de la vida”. Y asegura que, “soy periodista 24 horas. Miras, observas, te preguntas por qué ha cambiado esto o lo otro. Es difícil que no esté pensando en algo siempre”.

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Y concluye optimista, con la mirada limpia, “decía García Lorca que el más terrible de los sentimientos es el de tener la esperanza perdida. La sociedad ha demostrado que sabe dar un puñetazo en la mesa. Soy optimista. Pero es cierto que nunca aprendemos de los errores”.

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