PUBLICIDAD
YA NO CUELA

El estudio del caso

|

He vivido muchos de estos procesos: empiezan con historias lacrimógenas, siguen con estadísticas trucadas, continúan con falsos debates y sesudos editoriales y acaban con la chaladura progre entrando en nuestras leyes.

Hubo un tiempo, queridos niños, en la Edad Oscura, en que un puñadito de empresas en todo el mundo decidían qué podíamos y qué no podíamos saber de lo que estaba sucediendo en el planeta o a unas pocas leguas de nuestra propia casa.

PUBLICIDAD

Eran días fáciles, de vino y rosas, porque lo que no aparecía en los medios, sencillamente no existía, y como hacía falta muchísimo dinero para montar uno de estos grupos, solo unos cuantos decidían la realidad sobre la que los ciudadanos formaban sus opiniones y sus decisiones políticas.

Y entonces llegó Internet, llegaron los dispositivos móviles, las cámaras al alcance de cualquiera, y todo el invento se fue al garete. Los grupos no han desaparecido, mantienen buena parte de su influencia, pero ya nada es lo mismo.

Por eso, digamos, los diarios -un absurdo formato donde los haya, que pretende contar lo que pasó ayer según el criterio de la empresa de que se trate- ya no los compra casi nadie, así que la propaganda que antes hacían con cierta gracia y disimulo ahora la hacen a calzón quitado. Por ejemplo, nadie podría por un segundo pensar que la portada de hoy del diario La Razón hace el menor amago de reflejar lo que pasó ayer, sino que imita a la perfección a un cartel electoral especialmente aburrido: foto de Cayetana Álvarez de Toledo junto a Casado, ese Casado de sonrisa grapada, plastificada, invariable, y como ‘titular noticioso’, el siguiente: ‘El PP “verdadero” de Casado: más ideología y perfil liberal’. Antetítulo: ‘Presenta un ambicioso programa para el 28-A con 500 medidas y de ruptura con el “marianismo”.¿Soy yo o deberían registrarse como agencia de publicidad?

No entraré a comentar el fondo, a saber, que para que el PP tenga ‘más ideología’ tendrá primero que tener alguna, aunque es más probable que la plagie, a lo Sánchez, en caso de necesidad. Ni la oportunísima ‘ruptura’ con un ‘marianismo’ al que no le puso el menor ‘pero’ mientras pudo sacarle rédito político. Oh, bueno, nadie sabe el día ni la hora, supongo.

PUBLICIDAD

No, lo que me interesa es cómo ha estallado en mil pedazos el mundo de la ‘información controlada’, sobre todo en una de las actividades más provechosas para los nuevos mandarines. Me refiero a esas medidas destructoras de toda civilización que nos han ido colando gracias a este insidioso control. He vivido, por viejo, muchos de estos procesos, que empiezan con historias lacrimógenas, siguen con estadísticas trucadas, continúan con falsos debates y sesudos editoriales y acaban con la chaladura progre de que se trate entrando en nuestras leyes.

Pero lo primero es el caso, tan extremo y emocional como se pueda. Como el caso de Ángel Hernández Pardo, el hombre que ha saltado a la fama al suministrar a su esposa enferma una sustancia que le ha producido la muerte. Hace poco, esa frase tan larga se acortaría con un verbo más tajante, pero lo dejaremos pasar.

La cosa es que hace, digamos, diez o veinte años, solo veríamos a un bondadoso anciano forzado por el dolor y la piedad en un gesto desesperado, nada más. Ahora, en cambio, podemos saber inmediatamente que fue un activista de ultra izquierda y una de las 146 personas que firmaron un manifiesto en favor de la excarcelación del etarra Otegi. Oh, vaya.

Tampoco es que llevar las cámaras de La Sexta a grabar todo el proceso hable mucho a favor de un espontáneo impulso de pura misericordia, equivocada o no. Hacer pública la muerte de tu mujer provocada por ti mismo es alcanzar unas cotas que prefiero no calificar. Habla por sí mismo, creo.