YA NO CUELA

El que venga detrás

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Falta finura. Han puesto el fuego en el máximo bajo la olla porque ven a la rana a punto de saltar. La sensación es de que las tornas están a punto de cambiar, que la vulnerabilidad a la propaganda incesante, desde todos los ángulos, tiene un límite. 

Motus in fine velocior, el movimiento se acelera hacia el final. Y algo hay en el aire que hace que toda una cosmovisión, la que manda, la que se ha ido imponiendo con la constancia de la gota china y los pasos disimulados y cortos de quien no quiere revelar su juego, se esté extremando en velocidad, como si hubiera prisa por dejar todo ‘atado y bien atado’ . Les huelo la desesperación desde aquí.

Falta finura. Han puesto el fuego en el máximo bajo la olla porque ven a la rana a punto de saltar. Se ve en La Sexta en la obsequiosa entrevista de Évole a Maduro, ese follonero que no se consiente demasiados follones con los favoritos de quienes le pagan, ese antibufón que solo dice las verdades al poder cuando no tiene poder real.
Arcadi le fusila en El Mundo con medidas palabras, con algo tan obvio como que tener delante a Maduro e ignorar que en la última -de muchas- represiones callejeras del mandatario quedaron 26 muertos en las calles de Caracas es infame. No hay más preguntas, señoría.

Se ve en el ‘católico’ gobernador de Nueva York, Mario Cuomo, o en los delegados de Virginia, aprobando leyes abortistas que ya nadie en su sano juicio puede ignorar que matan a un niño -salvo que crean en extraños milagros que dotan de personalidad plena en un minuto- o proponiendo otras, en el segundo caso, en que se permite dejar morir al niño que ha sobrevivido a las artes del médico abortista. Ya en esto han caído las máscaras, nada de seguir hablando de ‘amalgama de células’: un niño perfecto, completo y vivo. Es un terrorífico alivio que se deshagan de púdicos pretextos.

En Telemadrid prolifera la contratación de parientes. Oh, bueno, tampoco es nuevo. Lo hemos visto en los ayuntamientos de Madrid, de Barcelona, de… Es la nueva política, marcada por la desesperación y el descaro. Hay prisa, hay prisa. No pretenderé que el latrocinio y el dedazo sean nuevos en la política, nada más viejo; es solo que ya no hay pudores ni disimulos, porque lo que parece imperar es un universal «que nos quiten lo bailao». Carpe diem, que del mañana nadie sabe.

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La sensación es de que las tornas están a punto de cambiar; que, como reza esta sección, ‘ya no cuela’ y cada día colará menos, que la vulnerabilidad a la propaganda incesante, desde todos los ángulos, tiene un límite, especialmente cuando lo que se nos vende contradice lo que vemos a diario. Nos pillan ya de vuelta, con la confianza embotada, y hay que meter el acelerador para poder irse con los deberes hechos y las maletas rebosantes.