YA NO CUELA

El relato y sus relatores

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Pedro está a dos dedos de presentar ‘Aló presidente’, ahora que Pablo está en horas bajas.

Esa arma secreta de la reacción en medios llamada Beatriz Talegón, reina del bulo y rastreadora incansable y espasmódica del sol que más calienta, ayuda hoy en Twitter a disipar el mito, tan querido por los templagaitas de la política, de que «Venezuela no es España» y que, por tanto, no puede pasar aquí el horror que viven allí. Aunque, claro, Bea lo vea al revés.

Reenvía al mundo una noticia del Huffington Post en español en la que puede leerse: «Albert Rivera convoca este domingo «una gran manifestación» contra Sánchez en la Plaza de Colón de Madrid’, la comenta de esta guisa: «Espero que no haya muertes. Porque esto suena mucho a lo que hizo Leopoldo en Venezuela. Se parece mucho, de hecho. Demasiado».

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«Leopoldo» es Leopoldo López, el disidente encarcelado por el régimen chavista, pero nuestra entrañable veleta está tan íntimamente familiarizada con la política caribeña que usa solo nombres de pila: Nico, Diosdado, Quim

Ahora, no conviene ningunear el valor de Talegón. Le he llamado veleta, y lo es en su acepción más útil y literal, señalando en el lado opuesto de aquel por donde llega el viento de la política. Si Talegón apoya una causa, apuesten todo su capital a que es una causa perdedora y rancia; si alerta de un peligro, den por seguro que el riesgo acecha en el punto inverso.

Hay algo, sin embargo, en lo que acierta, que equivocarse siempre es, al menos, tan difícil como acertar invariablemente: España empieza a oler a Caribe. No diré que Madrid sea Caracas, ni siquiera que se parezca «mucho, demasiado». De entrada, es la capital de uno de los países más prósperos y seguros del mundo, pero Pedro está a dos dedos de presentar ‘Aló presidente’, ahora que Pablo está en horas bajas.

La palabra de moda hoy es ‘relator’, el título que quieren darle desde el Gobierno a un personaje impuesto por su guardián y controlador por chantaje electoral, el presidente de la Generalitat que realzaría las negociaciones de España con esa república mediterránea invisible.

El Gobierno quita hierro a la función y dice que viene a ser un taquígrafo, a lo que el ex vicepresidente socialista Guerra responde que le llamen entonces taquígrafo o similar.

Lo bueno es que la figura tiene prestigio y no precisa currículum especial alguno, como estrella del porno o presidente del Gobierno, y la noticia ha disparado la oferta. La iniciativa, si no para ninguna otra cosa, está sirviendo para revelar a todos los frikis del país. No diré más: Ramón Cotarelo ya ha presentado su candidatura para el papel.

Lo del relator ha roto la presa y medios y redes son una carcajada desde todas las ideologías. Y eso es el fin, porque se puede provocar miedo, aborrecimiento, ira o alarma y seguir en el machito. Pero el poder, como el amor romántico, no puede sobrevivir al ridículo.