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EN EL MATADERO DE MADRID

El sexo de Dios y la indecencia de la izquierda

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Su fe en la multiculturalidad no es tan sólida como para arriesgarse a sufrir en carne propia la costumbre islámica de rebanar el pescuezo a los que blasfemen contra la religión del profeta Mahoma.

Durante el asedio de Constantinopla en 1453 cuenta la leyenda que los teólogos bizantinos estaban enfrascados en un debate sobre el sexo de los ángeles, perdiendo el tiempo en tan frívola polémica, mientras los turcos estaban a punto de derribar los muros que protegían la capital del Imperio. La realidad curó de su tontería a los discutidores, porque los turcos pasaron a cuchillo y esclavizaron, con exquisito trato de igualdad, a hombres y mujeres, homosexuales y heterosexuales, célibes y casquivanos.

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Pero parece que el tiempo no cura la estupidez humana, y hoy, bajo el título Dios tiene vagina la alcaldesa Carmena y sus secuaces (y secuazas) nuevamente nos quiere endiñar otra de sus lecciones sobre la ideología de género y demás pamplinas sobre la no-identidad sexual, esta vez, no de los ángeles, sino de los seres humanos.

En un esperpento denominado Díptico por la identidad que se representará en el espacio municipal del Matadero de Madrid, un primer sainete, el titulado Dios tiene vagina, servirá para arremeter contra la religión católica y la Semana Santa. “Es la identidad que nunca termina de definirse, la que está en permanente construcción y evolución, la que no necesita tótems que perduran en el tiempo. Desde ese lugar, Dios tiene vagina es un ejercicio colectivo para repensar una festividad despojada de deidades fijas”, nos cuentan, para decir finamente, que eso de la Semana Santa es una superstición de andaluces folclóricos y catolicarras reprimidos. Por supuesto, no esperen de estos artistas (y artistos), que lanzan la sesuda pregunta de ¿si ha utilizado su ano para obtener placer sexual?, la misma despelotada reflexión sobre la identidad del ramadán. Su fe en la multiculturalidad no es tan sólida como para arriesgarse a sufrir en carne propia la costumbre islámica de rebanar el pescuezo a los que blasfemen contra la religión del profeta Mahoma.

¿Pero cuál es la segunda parte del díptico? A estas alturas deberían conocer de sobra cuales son las fobias de la ultraizquierda. Una es la religión, la otra es la patria. El segundo sainete se titula Jura de bandera, y servirá para ciscarse en los símbolos nacionales y denigrar cualquier sentimiento patriótico o de pertenencia, porque eso de España es muy rancio, qué más da una nación, o dos sin son pequeñas. Lo que importa en tema de colectivos, a lo sumo son los proletarios del mundo o la famélica legión, pero lo de moda, consiste en elegir el sexo que quieres ser. ¿Banderas?, las de conveniencia, porque lo más cool es montarse un colectivo a medida del yo.

Como siempre, lo que en realidad es un acto con clara intencionalidad política, se efectuará bajo la etiqueta de la cultura y la libertad de expresión. No voy a entrar en la discusión de si ofender a otros y no respetar sus creencias puede considerarse una manifestación cultural, ni dónde se deben situar los límites a la libertad de expresión. Si al menos organizasen el evento con su dinero y no con el de los demás, se guardaría una mínima decencia. Pero resulta que los mismos que acaban de impedir que se erija un monumento a los últimos de Filipinas, usan con total descaro los fondos y espacios públicos que son de todos para hacer propaganda de sus particulares ideas. Por muy legal que sea, no parece que ese sea el modelo de una honesta gestión de los recursos públicos.

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