EL CAMINO DE LA UNIÓN

Eurodiputados: Si no pueden crear leyes ¿qué hacen?

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El poder poner tu nombre a un proyecto legislativo te da un cierto prestigio, y, al fin y al cabo, lo que quieres es poder justificar tu presencia en Bruselas.

Los legisladores europeos. Sí, los eurodiputados, esos mismos que cada 5 años tenemos que votar; ¿Para qué los votamos? ¿Qué hacen en Bruselas? Como todo legislador, el eurodiputado pasa su tiempo atendiendo a los problemas de las personas a las que representa y planteando soluciones legislativas a esos problemas. Al final ellos se deben a la gente, ese es su trabajo, o por lo menos, el que nos gustaría que tuviesen. Pero, ¿qué hace un diputado 4 días a la semana en Bruselas cuando no puede crear leyes?

Ya os dije en algún articulo pasado, que el Parlamento Europeo es el único parlamento democrático del mundo libre que no puede crear legislación, y esto sin duda altera el concepto que tenemos de los legisladores. No son ellos, ni sus equipos, los que tienen que dedicar su tiempo, esfuerzos y conocimientos a escribir esas directivas que los países tienen que cumplir. Es la Comisión junto a sus funcionarios, los que redactan los documentos legislativos que después pasan al parlamento para su aprobación o rechazo con la capacidad de enmendarlo.

No hace falta que vuelva a decir lo malo que es que las personas que escriben las leyes, que condicionan nuestro futuro, no puedan justificarse ante la opinión pública. Por eso hoy hablaremos en qué gastan los diputados y sus equipos su tiempo en Bruselas.

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Al final todos y cada uno de nosotros sentimos la necesidad de ocupar nuestro tiempo, de saber que nos ganamos nuestro sueldo. Los eurodiputados no son personas con necesidades diferentes al resto; ellos también necesitan justificar ante sus electores que el dinero que reciben está bien gastado. Por ello, los diputados europeos se pelean por ser los “responsables” de algún proyecto legislativo, o el “opositor” encargado de asegurarse de fiscalizar al responsable de ese documento legal.

El poder poner tu nombre a un proyecto legislativo te da un cierto prestigio, y, al fin y al cabo, lo que quieres es poder justificar tu presencia en Bruselas. Pero no te olvides que los únicos representantes directos de la ciudadanía europea solo pueden enmendar los textos legales que les pasan y, en muchos casos, son documentos legalmente perfectos. Pero son nuestros representantes, los responsables y todos los demás sentados en esa comisión, los que luchan entre ellos y entre grupos para poder incorporar sus señas de identidad, cambiar alguna palabra, modificar una frase, incluir un artículo. Actos diarios que se ven en las salas de comisiones. Vemos cómo los asistentes de los Eurodiputados luchan por incluir en los documentos las modificaciones que creen que harán a ese texto o a su jefe lucir mejor.

Muchas veces esas modificaciones son claves para parar la deriva federalista de la Unión y otras muchas son claves para incluir la deriva federalista de la Unión. Esa es la gran verdad del procedimiento legislativo. Muchos de los textos no tienen un claro carácter ideológico ya que incorporan enmiendas de varios grupos posibles para poder pasar la aritmética parlamentaria y el “si tú me apoyas, yo te apoyo” cobra más fuerza en esta cámara que en los parlamentos nacionales donde los partidos sí tienen que explicar lo que votan y con quién lo votan.

Pero a pesar de la gran cantidad de leyes que se aprueban en Bruselas, al final la decisión de quién es quién en el juego legislativo le compete a cada una de las mesas de cada comisión parlamentaria.

Y ¿si no eres uno de esos con suerte o no quieres esa responsabilidad? Pues te toca ocupar tu tiempo con otras cosillas. Tienes muchas para elegir, por ejemplo:

1. Organizar Exhibiciones o Conferencias. Esto es muy habitual, tienes dos opciones o lo organizas tú como Eurodiputado porque te interesa el tema en concreto y es bueno atraer a distintas organizaciones para dar el punto de vista sobre el tema y así tener un conocimiento más extenso de la materia o darle un mayor reconocimiento al tema. O, y este es el que más atención atrae entre los eurodiputados, dejar que sea una empresa, lobby u organización la que organice el evento o la exhibición, que sea ese ente, el que de su punto de vista y se beneficie del momento y el Eurodiputado pone su nombre para enseñar que él se mantiene ocupado. ¿Adivináis cuál es el más habitual?

2. La lucha por el MEP Award. Todos los años los eurodiputados se esfuerzan para ganar el premio al mejor eurodiputado en cada una de las comisiones. Obviamente esto no está organizado por la institución, pero aún así puedes ver como en las semanas cercanas a los premios, las oficinas de los diputados empiezan a enviar esas composiciones fotográficas mal hechas con el Paint pidiendo que se vote por ellos. Sí, al más puro estilo concurso de final de curso en Primaria.

3. De todas maneras, mi pasatiempo favorito eran las declaraciones escritas. Digo eran, en pasado, porque en el 2017 reformaron el reglamento del parlamento para acabar con ellas. Una pena, la verdad. En ellas veías cuán importante era para algunos eurodiputados la necesidad de poner su nombre en trozos de papel, sin ningún poder ni significado. A veces podías ver a los pobres becarios corriendo de una oficina a otra recabando las firmas en el papel original para poder presentarlo en la administración y que apareciese en la web al lado del nombre de cada diputado, como una necesidad extrema de rellenar tu currículo cuando lo ves muy vacío. Declaraciones que no tenían ninguna validez y que sólo servían para justificar el sueldo.

Pero no os quedéis mal. Sí que contamos con Eurodiputados que luchan por los intereses de los ciudadanos, el problema es que en muchos de los casos el sistema les penaliza. Pero eso, para otra historia.