TRIBUNA

Feijóo, o el nacionalismo embozado dentro del PP de Galicia

|

El Gobierno de Núñez Feijoo ha hecho suya la demanda de los separatistas gallegos que reclamaban el máximo nivel de transferencias de competencias a Galicia. La semana pasada el parlamento gallego aprobó, aprovechando una iniciativa del BNG, un acuerdo para reclamar a Madrid que se convoque la Comisión Mixta de Transferencias a tales efectos. El PPdG ha manifestado que no quiere quedarse atrás del País Vasco y que Galicia esgrime su derecho «histórico» a gozar del mismo nivel de autogobierno.

No es casualidad que en la actualidad Galicia no exista un partido nacionalista de derechas como el PNV en Vascongadas o CiU en Cataluña. Históricamente el nacionalismo también surgió en Galicia durante el siglo XIX y políticamente cuajó principalmente en el Partido Galeguista, donde Risco, Otero Pedrayo, Filgueira, Villar Ponte o Plácido Castro, desde la derecha, y desde la izquierda Boveda o Castelao, representan la aspiración nacionalista de la burguesía gallega.

Hoy esas tendencias nacionalistas anidan en el Partido Popular gallego. Con Fraga, presidente de la Xunta de Galicia entre 1990-2005, se desarrolló la idea de contener al separatismo a través de un galleguismo moderado, al estilo del catalanismo de Cambó de primeros del siglo XX. Sin embargo, ya con Fernández Albor como presidente dela Xunta por Alianza Popular, se aprueban leyes a imagen y semejanza de las que el separatismo vasco y catalán impulsaban en su Autonomías. Es el caso de la Ley de normalización lingüística gallega, aprobada en 1983, y que, como la catalana en su ámbito, proclama que “el gallego es la lengua propia de Galicia”, lo que ineludiblemente coloca al español como lengua ajena, por mucho que se diga cooficial.

En la etapa de Fraga, en numerosas ocasiones el que fuera ministro de Franco y líder de la derecha conservadora española se mostró favorable al discurso identitario, si bien entendido como una parte del todo: “o noso galeguismo é perfectamente compatible coa unidade nacional”. El problema llega cuando a la vez se reivindica oficialmente a figuras cuyo pensamiento nunca entendió la identidad gallega como parte de la española, generando entre la población confusión entre el amor por la patria chica y el nacionalismo. Es el caso de Castelao, figura emblemática del nacionalismo gallego siempre reivindicada con el máximo respeto por el PPdG, cuando se trata de un orate, en cierto modo del estilo de Sabino Arana, que llegó a decir: “Y si la raza fuese, en efecto, la determinante del carácter homogéneo de un pueblo, sin que por así creerlo incurriésemos en pecado, bien podría Galicia enfrentar su pureza con el mestizaje del resto de España, atribuyéndole a la sangre árabe la indisciplina, la intolerancia y la intransigencia con que los españoles se adornan”.

Suscríbete a nuestro nuevo canal

Eduardo Pondal, autor del himno de Galicia institucionalizado por el PPdG, también escribía estos versos: “Si son castellanos / si son de los iberos, / si son de los alarbios / y moros, y eso / de su prosapia / los tiene contentos: / que sean quienes quieran / y los lleven los demonios. / Nosotros somos del norte, / nosotros somos de los suevos, / nosotros somos de los celtas, / nosotros somos gallegos. / Podrán los cultos hijos / del suelo polvoriento y yermo, / alabar el ingenio / del hidalgo manchego. / Podrán alabar del manco / el estilo duro y seco, / como los frutos del espino, / de su lugar materno. / Nosotros somos de Camoens / los cultos gallegos. (…) Si acaso presumen / de sus tierras duras / de sus duras estepas / de suelo polvoriento; / si beben la leche, / y comen los quesos / de cabra y carnero: / que les aproveche, / que los lleven los demonios; (…) / Vosotros sois de los cíngaros, / de los rudos iberos, / de los vagos gitanos, / de la gente del infierno; / de los godos, de los moros / y alarbios; que aún / os lleven los demonios. / Nosotros somos de los galos, / nosotros somos de los suevos, / nosotros somos de los francos, / romanos y griegos. / Nosotros somos de los celtas, / nosotros somos gallegos”.

Ya en la etapa de Feijoo el regusto nacionalista impregnó toda la acción cultural de la Xunta. Pese a que la llegada al poder de Núñez Feijoo fue en gran parte tributaria de una fuerte polémica lingüística con el bipartito presidido por Touriño, que había planeado imponer en Galicia la misma política de inmersión lingüística que en Cataluña, excluyendo el español de las escuelas, el PPdG traicionó sus promesas electorales. Galicia Bilingüe y Gloria Lago lo saben muy bien, cuando una vez desalojando el bipartito de separatistas y socialistas, Feijoo, en vez de dar libertad a los padres para elegir el español como lengua vehicular, impuso un reparto en porcentajes en la educación e hizo del gallego la lengua de la administración autonómica en detrimento del español.

En 2010, el Instituto de Estudios Políticos y Sociales, dependiente de la Xunta, publicó un manifiesto proclamando el «25 de julio, Día nacional de Galicia». No sería la última vez que el PPdG reivindique Galicia como nación, en 2017 el portavoz en el parlamento gallego, Pedro Puy afirmaba que Galicia es «objetivamente» una nación «si se le da un significado cultural”, aunque «no lo es de facto» jurídicamente, para añadir que a Galicia «lo que le va bien», es «compartir la soberanía con el resto de España y Europa». Feijoo no sólo no desautorizó a su portavoz, que negaba la soberanía nacional de los españoles, sino que se mostró de acuerdo con sus palabras.

Con estos antecedentes a nadie le puede extrañar que Núñez Feijoo se oponga ferozmente a cualquier reconducción de la deriva autonómica y que se apunte a las mismas reivindicaciones en materia de competencias que PNV o los separatistas catalanes. Aun así, encontramos a algunos que sostengan que con las políticas que sigue el PPdG se cierran las puertas al separatismo, en vez de reconocer que se les allana el camino.