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‘Gobierno de cooperación’

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Hace unas semanas veían la luz unas actas que mostraban la negociación de un Gobierno español con una banda terrorista, la más sanguinaria y longeva de nuestra historia. En ellas comprobábamos cómo nuestros gobernantes dieron un chivatazo a los asesinos de una operación antiterrorista de nuestro aliado francés contra los matarifes de ETA, entre muchas otras vilezas especialmente graves en el jefe de un ejecutivo español.

No ha pasado nada. Los grandes medios apenas se dieron por enterados. No hubo portadas sensacionales. Todo ha seguido igual, y la infamia se diluyó en una riada de temas menores, de reparto de cromos y disputa de cargos grandes y pequeños. Pelillos a la mar.

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Ayer nos enterábamos de algo que, no por sabido, anunciado y repetido deja de tener una importancia capital que se confirme: el Tribunal de Cuentas confirmaba la quiebra de la Seguridad Social, esa por la que en Toledo los líderes políticos hicieron en su día un ‘pacto de omertà’. Como ha quedado diáfano, el acuerdo no era para “garantizar las pensiones”, sino para callar y mentir acompasadamente.

No importa, nosotros estamos pesando el comino de cuánto de fascismo tiene este o este otro partido en función de cuán necesarios sean sus votos para que los mío se queden con este o aquel despacho, echando en cara cada cual al otro lo que él mismo hizo ayer, y haciendo lo que antes se echó en cara. Da igual, no hay pasado y los políticos se ríen de las hemerotecas. Cuando Carmen Calvo provocó la hilaridad universal al disculpar a Sánchez por uno de sus decenas de incumplimientos de lo prometido solo meses antes, alegando que entonces era el candidato Sánchez, no el presidente, estaba, en realidad, enunciando una ley básica de nuestro tiempo: el pasado es irrelevante, incluso el pasado más cercano, ayer por la tarde.

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Hoy andamos con el papel de fumar, que si la foto, que si sentarse o no sentarse, he ahí la cuestión. Y esto en directo, a nuestra vista, pero sin que tiemble el Misterio, que nada importa demasiado y la gente sigue votando y partiéndose el pecho -en sentido metafórico, por supuesto- por sus sinvergüenzas en las redes y en el bar.

Vox ha eludido, parece, la trampa de la irrelevancia, la ‘probatio diabolica’ por la que se le condenaba a la muerte política si no daba sus votos sin mirar, aunque era evidente que su muerte electoral sería hacer precisamente eso. Parece, digo.

Sánchez juega con Pablo Iglesias. Hay quien dice que no, que es al revés, y eso hubiera jurado yo mismo cuando la moción de censura dio a Sánchez un poder inesperado, como una corona encontrada en un matorral. Sánchez parecía entonces a merced de Iglesias, en fondo y forma. Iglesias se pavoneaba con su acostumbrada arrogancia en máximos y Sánchez le hacía la ola y miraba entregado en su dirección.

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Pero, ya ven, no le dio nada, ni la Dirección General del Catastro, nada de nada. El paripé solo sirvió para que Iglesias se viniera arriba y cometiera errores garrafales ante su amado pueblo, la gente, mientras Sánchez ganaba espacio en la izquierda amotinada.

Y hoy abren nuestros medios con el ‘gobierno de cooperación’ que le ha prometido Sánchez. Pobre Iglesias, quién le ha visto y quién le ve. Bueno, yo les diré quiénes le ven: los suyos. Los que veían en él el audaz y romántico líder del pueblo harto de medias tintas, el que iba a ir a por todas, a asaltar los cielos. Le han visto hundirse en la molicie burguesa del chalet, y ahora han visto su cara iluminada ante la posibilidad de pillar cacho.

¿Por qué cree que Sánchez habla de ‘gobierno de cooperación’, y no de coalición? Porque lo va a tener a su servicio, entregado, y a recoger después sus restos en la próxima contienda electoral. Y si la cosa se tuerce, siempre queda Errejón, que le ha dado la gran pasada en Madrid y que podría extender su Más Madrid a todo el territorio nacional en un pispás. ¿Se imaginan que lo llama Más España, que recoge todo el lenguaje de lucha y protesta de Podemos sin las manías más impopulares de Iglesias, como su asco por España? Tiembla, Pablo, te la han vuelto a jugar.

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