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Innovación Tecnológica y Defensa Común Europea

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Antonio Martínez González
Profesor de Economía Aplicada de la Universidad Rey Juan Carlos

El fenómeno de la innovación desempeña un papel clave en nuestra vida cotidiana y en la estructura económica y productiva de nuestras sociedades. Su poder transformador resulta esencial para mantener un crecimiento económico sostenible y continuado. Gracias a la innovación se crean nuevos mercados y profesiones, se incrementa la productividad y la eficiencia de los procesos productivos, lo que nos permite acceder a una mayor variedad y cantidad de bienes y servicios, mejorando los existentes y creando otros nuevos. Este complejo proceso de creación de nuevas oportunidades, capacidades y recursos tiene un soporte fundamental en la política de innovación, que actúa como palanca entre las políticas de investigación y desarrollo tecnológico y la política industrial, favoreciendo la creación de un marco propicio para llevar las ideas al mercado y así generar la riqueza empresarial imprescindible para sustentar y aumentar el bienestar de nuestras sociedades.

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La política de innovación es una pieza clave entre las políticas de la UE. Prueba de ello es la puesta en marcha del programa plurianual H2020, siendo este el mayor programa de investigación e innovación con el que ha contado nunca la UE. El objetivo principal del H2020 es el mantener la ciencia y la tecnología europeas en la primera línea mundial para impulsar el crecimiento económico. Para ello, se le ha dotado con 80.000 millones de euros para el periodo comprendido entre los años 2014 a 2020, que serán destinados principalmente a la mejora y consolidación en tres ámbitos: la excelencia científica, el liderazgo industrial y los retos sociales. En este contexto, la base industrial y tecnológica de defensa y seguridad europea, representa uno de los sectores productivos con mayor potencial y posibilidades de crecimiento futuro. Con una facturación de 97.300 mil millones de euros, 500.000 empleos directos y 1,2 millones de indirectos en el año 2014, la base industrial y tecnológica de seguridad y defensa europea es un sector productivo con peso específico propio.

Desde el final de la Segunda Guerra mundial hasta la caída del muro de Berlín, la estructura industrial de defensa europea ha ido desempeñando un papel clave en la geoestrategia militar como fuente de desarrollo y suministro de los equipos y sistemas de armamento estratégicos necesarios para la defensa de las fronteras occidentales, además de ofrecer un componente tecnológico añadido de enorme relevancia, sobre todo en determinados sectores industriales como el aeronáutico, el naval, el terrestre y el de sistemas y comunicaciones e informática. Si bien es cierto que estas capacidades productivas siguen resultando vitales para la Política de Defensa europea, no lo es menos que los últimos cambios en el modelo tecnológico e innovador seguramente arrastrarán un cambio de paradigma en la doctrina, estructuración, equipamiento y funcionamiento de las Fuerzas Armadas.

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Este fenómeno, unido a la creciente necesidad por parte de los Estados de un uso cada vez más racional y eficiente de los recursos públicos, puede acelerar de manera exponencial una realidad de efectos y consecuencias impredecibles sobre la estructura militar. Parece lógico pensar que esta transformación de los Ejércitos nacionales, tendrá su reflejo en un cambio en las prioridades del modelo productivo de defensa y seguridad actual, haciendo que se reduzca de manera paulatina el peso de la parte productiva tradicional en favor de la tecnológica e innovadora. Este cambio de paradigma ofrecería muchas más oportunidades de descubrir nuevos productos y servicios innovadores, que a su vez permitirían crear nuevos mercados donde poder explotar su potencial de cara al crecimiento económico y empresarial, tanto en el campo militar como en el ámbito civil.

Asimismo, el desarrollo y potenciación de una base industrial y tecnológica de defensa y seguridad europea innovadora, es vital para el sostenimiento futuro de una Política Común de Seguridad y Defensa capaz de hacer frente a los nuevos retos y amenazas de un mundo interconectado y globalizado. Los asuntos de defensa y seguridad han sido tratados históricamente por los Estados europeos con un criterio diferencial con relación al resto de sus políticas. Este hecho diferencial tuvo su origen en los mismos inicios del proceso histórico que dio lugar al embrión de la Comunidad del acero y del carbón, al llevarse a cabo un intento de creación de una Comunidad de Defensa Europea para hacer frente a la amenaza comunista que comenzaba a representar la antigua Unión Soviética. Esta iniciativa se vio truncada por los recelos de Francia a integrar en un ejército europeo a las fuerzas alemanas y al desinterés por parte del Reino Unido por participar en el proyecto. Las cuestiones de la cesión de la Soberanía Nacional y el recelo histórico derivado de las continuas luchas entre los Estados europeos hizo que tal iniciativa nunca fructificara.

Este proceso histórico es uno de los factores determinantes que han propiciado algunos de los aspectos más problemáticos que aún siguen afectando a la Política de Defensa en la UE. En primer lugar, hay que destacar el hecho de la fragmentación industrial, por el que cada Estado miembro dispone de sectores productivos redundantes, consecuencia de la visión geoestratégica de defender la Soberanía Nacional y la garantía de suministro de material militar estratégico. En segundo lugar, la creación y desarrollo de un sector productivo y tecnológico dependiente en buena medida de los presupuestos nacionales, ha supuesto que las políticas de Defensa hayan tenido que competir con un coste de oportunidad creciente con relación al resto de políticas públicas, lo que ha favorecido la congelación cuando no la reducción progresiva y sistemática de los recursos destinados a la Defensa Nacional. En tercer lugar, la dificultad creciente derivada del desarrollo y producción de sistemas de armamento cada vez más sofisticados y complejos ha conllevado el aumento del gasto en I+D+i. En cuarto lugar, el aumento creciente de la competencia en los mercados de suministro de equipos y material militar consecuencia en buena medida del proceso de la globalización mundial, ha favorecido la incorporación a estos mercados de nuevos competidores que han aumentado de manera progresiva su oferta de equipos y sistemas militares con un contenido tecnológico siempre más intensivo y con costes de desarrollo y producción altamente competitivos frente a los principales fabricantes occidentales.

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Este conjunto de factores ha dado como resultado la disminución del número de unidades de equipos militares adquiridas por parte de los ejércitos y como consecuencia de ello de las unidades a producir por parte de la base industrial nacional. Este rendimiento decreciente de los activos industriales ha tenido un impacto negativo en la eficiencia económica y productiva del sector, al afectar gravemente a la viabilidad del desarrollo y producción de nuevos equipos y sistemas de armamento por el aumento los costes fijos de los nuevos programas.

Son muchos los factores que una u otra medida están propiciando un cambio de paradigma en el estructura orgánica y productiva del modelo militar en Europa y a nivel mundial. Entre ellos hay que hacer hincapié en la importancia creciente de la ciencia y la tecnología en los procesos sociales, económicos y empresariales. Son precisamente estos cambios geoestratégicos y tecnológicos producidos en los últimos años los que nos obligan a repensar la realidad y el futuro de la defensa y la seguridad nacionales tanto a nivel europeo como a nivel nacional y por supuesto a nivel global.