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La inutilidad del voto útil

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Decía Chesterton que la gente convencionalmente pragmática está bien para la situaciones normales, para lo rutinario, para cuando todo funciona como debe, pero que las grandes crisis y las situaciones de urgencia necesitan al hombre poco práctico.

He tenido ocasión de recordar esta paradoja a menudo en los últimos meses, a vueltas con el celebérrimo voto útil, la ‘unión de las derechas’ y todo eso. Porque, en efecto, el voto útil es la cosa más inútil que existe. O peor que inútil, porque acaba provocando a medio plazo el resultado contrario al deseado por el votante.

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Pensemos en un típico votante de derechas. Incluso de centro derecha. Ha contemplado estupefacto a lo largo de varias legislaturas cómo el partido al que siempre ha votado, el PP, abraza con creciente entusiasmo, una por una, todas las enloquecidas medidas de ingeniería social aprobadas por el PSOE, las mismas por cuya derogación vota nuestro hombre a los ‘populares’, vaciándose así el partido cada vez más de cualquier principio.

Aparece Vox, y nuestro hombre no puede negar, retóricas aparte, que lo que el nuevo partido defiende se parece mucho más a lo que él mismo quiere que lo que apoya el PP, no digamos Ciudadanos. Pero, llegado el momento de la verdad, aparece fortísima la tentación del ‘voto útil’. Surge, como un instinto indomable, la familiar identificación del ‘verdadero enemigo’ en una siglas, como surge la esperanza, que la experiencia no acaba de matar, de que “esta vez sí que sí”, que ahora los míos de siempre, por obra de magia, abandonarán su nihilismo suicida y volverán a sus raíces.

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Después de todo, es imposible que Vox vaya a gobernar, e incluso si sirve para dar votos a una coalición de derechas, ¿para qué “tirar el voto”, dividirlo, en lugar de decantarse por el que tiene más posibilidades de encabezar esa hipotética coalición?

¿En qué sentido es desastroso para este hipotético votante el pretendido ‘voto útil’? El primero y principal es que eso que tanto lamenta y tanto le exaspera, la conversión del PP en el mono del PSOE, en su imitador servil, en su copia desleída, tiene un responsable principal, y es precisamente ese voto útil. Si el PP recoge todos los disparates del PSOE y no pierde votos, carece de incentivos para actuar de otra manera. No hay castigo, y, por tanto, no hay corrección.

Es decir, lo que el protagonista de nuestro cuento más aborrece lo ha provocado él mismo con su ‘voto útil’, que no solo resulta inútil, sino directamente nocivo. Pero hay una segunda razón para considerar peor que inútil este voto que se tapa la nariz. Y es que el votante se ciega al pensar en la victoria de un partido, en lugar de pensar en la victoria de unas ideas, que es lo importante.

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El problema de nuestras democracias no es que gane el partido de izquierdas; es que TODO EL ESPECTRO avanza irremisiblemente hacia la izquierda. Eso es lo que hace inmensamente útil cualquier partido que resista a esta deriva, aunque no tenga a corto plazo perspectivas de ganar unas elecciones.

Ayer vimos este principio en acción. Todos los partidos del espectro, todos, pese a sus dejes de feminismo agresivo y chillón, estaban más que dispuestos a recibir a la delegación de un país que iba a negar el saludo a las diputadas por el hecho de ser mujeres. Meritxell Batet, la presidenta socialista del Congreso, había pedido a las diputadas no tocar ni mirar de cerca a los hombres. La disonancia es absoluta, pero si todos lo hacen apenas se advierte. Pero en cuanto Vox ha renunciado públicamente a someterse ovejunamente al humillante homenaje, todos los demás se han visto obligados a imitarle.

Es un pequeño botón de muestra, pero significativo. Del futuro nadie sabe, y lo grande fue pequeño alguna vez, pero en el presente, hoy mismo, tener en el Parlamento diputados capaces de gritar un día tras otro que el emperador está desnudo, repetir desde la tribuna lo que puede escucharse en tantos hogares, en tantos bares y lugares de trabajo, es mil veces más útil para el regreso de España a una cierta sensatez social y política que varias mayoría absolutas seguidas del PP.

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