YA NO CUELA

El juicio y los mundos de Yupi

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Uno podría llenar esta sección con perlas de pensamiento mágico reproduciendo exclusivamente declaraciones de esa mente a la deriva que es Beatriz Talegón.

Hablábamos ayer de esa simplificación enloquecida que está matando todo atisbo de racionalidad en el debate público, el negro negrísimo frente al blanco inmaculado, que nos encierra en burbujas impenetrables de pensamiento infantil. Y hoy oímos esto mismo en el juicio a los que montaron la farsa independentista, de señores hechos y derechos, y lo vemos escenificado en las calles de muchas localidades catalanas.

Ya saben: están en la cárcel por votar. Uno podría llenar esta sección con perlas de pensamiento mágico reproduciendo exclusivamente declaraciones de esa mente a la deriva que es Beatriz Talegón, y el último tuit que he leído de ella no desmerece de su línea general: «Alerta alerta! Paren las rotativas! En @La_SER ahora empiezan a preguntarse si la prision preventiva igual ha sido una passsssssada. Dios mío! Solamente van con 500 días de retraso y con grandes grietas en su sentido crítico».

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A ver, Bea. La prisión preventiva no es un castigo, sino una forma de asegurarse de que el acusado no va a ponerse a salvo de la acción de la justicia, y para ello el tribunal sopesa las probabilidades de que esto ocurra. En este caso, tenemos al principal responsable de la movida, el entonces presidente Carles Puigdemont, en Bélgica con un puñado de miembros de su Generalitat, tras atravesar la frontera en el maletero de un coche. Y tenemos, al menos, a dos prominentes políticas igualmente autoexiladas en Suiza. No sé a ti, Beatriz, pero a mí esto me parece un serio indicio de que la decisión de los jueces no fue exactamente «una passsssssada».

De hecho, lo extraordinario del caso no es siquiera el intento sedicioso. Puedo entender perfectamente que ciertos políticos de la región de Ruritania acaben convencidos de que su tierra, aunque rica y libre, está en realidad colonizada por el resto del país y merece ser independiente. La historia está llena de casos así, y con el sistema educativo y el estamento cultural catalanes contando su cuento fantástico día sí y día también, que algo así sucediera era tan probable como que se atragante quien juega a hacer gárgaras con huesos de aceituna. Hasta ahí, nada completamente anormal.

Lo anormal es que todos los próceres que han luchado por la independencia de su territorio, con razón o sin ella, eran conscientes de lo que hacían, de que era un riesgo, de que las cosas de ese tipo exigen pagar un alto precio. Si no se pacta con el Gobierno central, y si la intentona fracasa, uno entiende que su destino es la cárcel. No es nada personal, es como funciona el mundo. Y que quieran presentarlo como la insólita reacción de un poder tiránico es más que absurdo, es de una ceguera infantil.

Si los procesistas miran parpadeantes al resto del mundo, asombrados de que no se levante un grito unánime en la comunidad internacional contra su suerte judicial es porque han vivido en los mundos de Yupi, y la comunidad internacional calla porque ningún país dejaría de castigar lo que han hecho, ni siquiera una hipotética República de Cataluña.