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TRIBUNA MILITAR

La cartografía hasta el viaje de Elcano

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“Y porque esto Vuestra Alteza pudiese mejor comprender, hice hacer una figura en plano en que puse todas las tierras y provincias del Universo, de que hasta hoy ha habido noticias, por escrituras auténticas y por vista en nuestros tiempos; y señalé cada provincia adonde cae por sus límites y adonde entran los ríos en la mar y las fuentes y sierras de donde proceden y las provincias por donde pasan, porque me pareció que esto era lo más útil y necesario a Vuestra Alteza porque por vista pudiese ver”.

Un artículo de Mariano Cuesta Domingo. Fernández de Enciso (1519) anunciaba en su carta a Carlos I un mapa universal superando los clásicos mapamundi medievales e incluso los más inmediatos; su experiencia en el Nuevo Mundo, la confluencia de tantos acontecimientos capitales en la misma fecha y la intencionalidad eminentemente práctica del geógrafo para el buen gobierno de las Indias dotan a aquel año de cierta categoría de límite, de un antes y un después.

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En un principio

Desde los orígenes, a partir de conocimientos básicos sobre nuestro planeta y sobre la imagen física de su superficie, cada cultura lo mostraba según su buen creer y entender; andando el tiempo aquellos conocimientos iniciales dieron lugar a los primeros Tratados, Tablas y Mapas. Diversas opiniones germinaron en la historiografía del mundo occidental embellecidas por leyendas que han sido glorificadas por el arte; también se beneficiaron de sistemas filosóficos y principios matemáticos que le eran propios. Sucesivos sabios lo expresaron con lógica razonable en su respectiva época y sus explicaciones pudieron parecer pueriles mucho después; pero no lo fueron entonces. Su evolución tuvo un último periodo de una duración de casi un milenio antes de la publicación de Fernández de Enciso, antes de la expedición de Magallanes cuyo triunfo cupo el honor a Elcano a la cabeza de un puñado de supervivientes, en la “Victoria”.

Fue un largo periodo en que la cosmografía prevaleció y, en ella, los grandes cambios vendrían dados por las novedades culminadas por los descubrimientos geográficos de los portugueses en el siglo XV sobre el Atlántico africano y el Índico afroasiático; también las de los castellanos desde la incorporación de las islas Canarias hasta el retorno de Elcano.

En esta última etapa ocurrieron sendos conflictos entre ambos reinos que hacían referencia a localizaciones geográficas difíciles de precisar; las tensiones quedaron solventadas mediante la firma de tratados, el de Alcaçovas (1479) y, tras la concesión de las bulas alejandrinas (1493), particularmente la Inter cætera (4 de mayo), el de Tordesillas (1494); en ambos y en la propia bula quedaría patente la dificultad de establecer límites geográficos sobre los mapas. Como ejemplo testimonial, importante, transcurridos 35 años los expertos de ambos países reunidos en Badajoz fueron incapaces de marcar la línea acordada ni tan siquiera en un mapa, mucho menos sobre el territorio o el mar.

Los mapamundis

Pero ¿de qué mapas puede hablarse en un tiempo dilatado y vagamente delimitado por una fecha final convencional? Desde los orígenes hasta las arribadas lusas a Madeira (1418), Azores (1427) y cabo Bojador (1434) o de los castellanos a Canarias (1402), los mapas eran pura tradición; el fundamento fue atribuido a Claudio Ptolomeo (s. II). Los conocimientos del sabio alejandrino fueron difundidos en el XV gracias a la imprenta y sus rasgos fundamentales sobrevivieron durante décadas posteriores.

Aquellos mapas antiguos y altomedievales eran fruto de estudios, de ensayos intuitivos, especulativos, abstractos aunque con un buen conocimiento parcial, experimental, del mundo circunmediterráneo; mostraban notable ingenuidad sobre los espacios alejados e ignorancia, tanto más evidente cuanto mayor era la distancia a los centros culturales occidentales. Eran unos territorios foráneos, poblados por habitantes tenidos por bárbaros en el mejor de los casos o, los más distantes o raros, como salvajes. El interior de África estaba inexplorado y el de Asia se conocía en alguna línea sutil aunque muy interesante; el lejano Oriente insular, el océano Pacífico era absolutamente incógnito en su inmensa extensión y lo denominado Nuevo Mundo o Indias, resultaba inimaginable.

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Personajes, paisajes y mapas eran dibujos ilustradores, complementarios, de una ciencia superior, la cosmografía, como resultado de la acción descubridora, fue perfeccionando la imagen del Globo. Por ejemplo fue borrado aquel largo istmo que unía el extremo meridional de África con el lejano Oriente (mapa de Ptolomeo recreado, entre otros, por Hartmann Schedel en 1493) haciendo accesibles las aguas de lo que denominó océano Índico a las naves que sobrepasaran el cabo de Buena Esperanza (globo de Martín Behaim, mapa de Henricus Martellus y el de Toscanelli), estas obras pesaron sobre el proyecto colombino.

La cosmografía en la alta Edad Media ofrece mapas de marcado carácter religioso en los cuales el Mediterráneo cutáneo suele aparecer de forma muy nítida y orientada sin embargo, transcurridos algunas generaciones los mapas de esta región, lato sensu, testimonian la calidad de aquel conocimiento minucioso del perfil costero; era el fruto de la actividad náutica y comercial de los pueblos navegantes, comerciantes y guerreros asentados en su entorno, que dieron lugar a la aparición de actividad copiadora de algunas familias y al nacimiento de escuelas cartográficas (Palermo, Mallorca). De los mapas cargados de elementos ideológicos altomedievales se daba paso a las cartas arrumbadas o portulanas (al propio Cristóbal Colón se le atribuye una que se halla en la Biblioteca Nacional de Francia); algunos de aquellos rasgos aportulanados supervivieron tras Elcano como pude apreciarse, por ejemplo, en el de Mateo Prunes (Museo Naval) o en el Islario de Santa Cruz (Biblioteca Nacional).

Hacia las cartas de los grandes descubrimientos

Desde el retorno de Colón de su viaje descubridor hasta la partida de Elcano con Magallanes se desarrolló una generación de actividad prodigiosa por su acción (descubrimientos y exploraciones, conquistas y colonizaciones…). Ingente actividad experimental que se tradujo en empirismo náutico, geográfico, cartográfico, etc. cuyos mapas afloraron un Nuevo Mundo y mejoraron con lentitud la imagen del espacio extremo oriental.

Las expediciones que siguieron la estela colombina estuvieron plenas de actividad normativa y de realizaciones cartográficas de los Colón (Cristóbal y Bartolomé) y de Juan de la Cosa. Fue una actuación proseguida por la difusora de los mapas de “Cantino”, “Caverio” o el ejemplar de la “biblioteca Olivariana”, seguida por los trabajos de los maestros de la Casa de Contratación que enlazaron con la obra de Waldseemüller, Piri Reis (estudiado por J. M. Malhão Pereira), Homemy Reinel. De aquella generación son los mapas y esquemas, como sencillos apuntes o croquis, de Cristóbal Colón de La Española (1492-93) y de Francisco Rodrigues (1514) sobre las islas Molucas o de la Especería.

Descubierto el Nuevo Mundo se cayó desde la euforia inicial (segundo viaje colombino) a la consideración del espacio como un formidable obstáculo que debía ser sobrepasado si se pretendía alcanzar la ansiada especiería. El optimismo renació al avistarse el Mar del Sur (1513) y que el éxito de la “búsqueda del Paso”, aparentemente, estaba al alcance de los barcos. Quizá por la costa de Brasil o el estuario del Río de la Plata; según sus cálculos, se acortaría la derrota que seguían los portugueses para alcanzar las islas Molucas. Así lo creía, entre otros, Rui Faleiro y existía la convicción de que antes de 60º S.se hallaría el Paso.

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Magallanes había estado muy cerca de las islas Molucas y tenía información suficiente procedente de su pariente Francisco Serrâo que residía con su familia en la isla de Amboina. Magallanes sabía que estaban en la ecuatorial pero, despreciado por la Corona portuguesa, ofreció sus servicios a la castellana, como era habitual. El mapa de los Reinel (1519) era coincidente con la idea de Magallanes y ambos se hallaban en España convencidos de la localización de las islas de las Especias y, además, de que se hallaban fuera del ámbito portugués. Magallanes estaba persuadido de la existencia de un “paso”aunque en la carta no aparecía; sabía que lo hallaría cruzando el Atlántico hasta cabo San Agustín y prosiguiendo rumbo Sur por aguas conocidas hasta el río de la Plata y, como diría Bartolomé de las Casas, siguiendo costa arriba hasta topar con el estrecho. Ambos personajes mostraron a Carlos I una carta que ilustraba sus ideas.

La abundante documentación para la expedición de Magallanes-Elcano demuestra que exigió una preparación especial en cuanto a cartografía y náutica se refiere, los datos iniciales son demostrativos: se gastaron unos 3.000 maravedís para comprar pergaminos para uso cartográfico y la confección de algunas cartas a todo lo cual habría que añadir el instrumental náutico que costó más otros 70.000 maravedís (25 cartas de marear, un plano esférico, seis pares de compases, 21 cuadrantes, siete astrolabios, 35 agujas de marear y 18 relojes de arena). El documento hace referencia a los trabajos de Nuño García de Toreno y Juan Vespucio; el primero fue nombrado maestro de hacer cartas de la Casa de Contratación, con la que ya había colaborado. Información procedente de Lisboa, según afirma el agente de aquel Rey, fue llevada por Ruy y Francisco Faleiro y el fundamento cartográfico por los Reinel (Pedro y Jorge) que fueron continuados por Diego Ribero y un emergente Alonso de Chaves; también se hallaba presente Lopo Homem que había coparticipado en la confección del bello atlas en 1519. Estos dos últimos fueron importantes en la terminación de los preparativos y, particularmente, Diego después del viaje. Los Reinel, los Faleiro y demás, contribuyeron a impulsar la búsqueda del paso por el Sur y fijaron la posición de la Especiería. Para la cartografía de la Casa, en la década de los veinte, fue clave el perfeccionamiento de los mapas; algunos como Chaves, Ribero, Santa Cruz y otros más, decisivos.

La actividad náutica descubridora fue extraordinaria por la aportación de testimonios e imágenes a gran escala de espacios visitados, más o menos reducidos (litoral caribe-sudamericano, isla Española…). Más atractivos y destacables son los mapas de gabinete mostrando imágenes a nivel mundial tanto de ideas tradicionales como de los avances que iba ofreciendo la carta patrón (el padrón) de la Casa de Contratación realizada por sus maestros y corregida por los pilotos que tornaban del Nuevo Mundo.

Podemos concluir con Fernández de Enciso que anunció, en la primera edición de su obra (1519), la elaboración de un mapa universal para conocimiento de Carlos I y apto para el buen gobierno de sus reinos. Pero para entonces se había iniciado la expedición de Magallanes. De esta manera se llegó a comprender la imagen del mundo conocido y, en parte, intuido antes del retorno de Elcano aunque para aquellas fechas la aportación cartográfica de este navegante no fue tan importante como la náutica. Después de Elcano, los maestros y los trabajos cartográficos de gabinete hicieron que la cartografía adquiriera otra entidad.

Por Mariano Cuesta Domingo.