YA NO CUELA

La jauría

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Lo que está en juego, lo saben, no es una elección más, sino el riesgo de que se les acabe el chollo.

Es censurable que quien, como el que les escribe, aspira a hacerlo sobre lo que se comenta en la plaza publicada, sea tan reacio a ver televisión, e imperdonable que me perdiera el intento de linchamiento mediático de Fernando Paz, candidato de Vox a las generales por Albacete.

Afortunadamente, el Trasgo tiene fieles corresponsales que le ponen al día, y en este caso una querida amiga me escribe para mantenerme informado. «Ví la intervención de Fernando en Espejo Público y parecía una pesadilla. Me refiero a jugar en su terreno, es como si uno fuese a morir de náuseas tenga la opinión que tenga», me escribe.

Nunca se vio tan claro, por lo que me cuenta, lo que tantas veces hemos dicho en estas páginas: el poder, en su variante mediática y cultural, puede dar pellizcos de monja a la derechita, condenarles al lugar donde el gusano no muere y el fuego no se apaga, pero con un guiño y un codazo. «No son todos ‘casos perdidos’, pueden volver al redil, y son un poco de la casa, parte de la farándula, familiares estrafalarios», describe mi corresponsal. «Con ellos no tienen que apretar los dientes tanto como fingen, ni siquiera se esmeran en buscar basura en sus vidas. Hay cierto juego del que todos creen beneficiarse, y son posibles acuerdos de un poco más o un poco menos de aquí o de allí».

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En ese ambiente de códigos convenidos, de mentiras obligatoriamente aceptadas, sometidos a un inflexible credo tácito, Fernando era Daniel en la jaula de los leones. «De repente ves a ese tipo completamente normal, rodeado de hienas incapaces de contener el odio. Todos son ‘carismáticos’, viscerales, histéricos, todos superficialmente especiales, todas esas muecas de disgusto con las que parecen luchar más denodadamente contra el botox que con el propio Fernando. Y él, un tipo normal, de atuendo normal y opiniones normales, alguien que podrías tener por familiar, alguien a quien no mirarías por la calle, parece ganarse el odio de todos por ello. Es la vergüenza, porque nos hemos acostumbrado a que la política sea sólo una extensión de ese mundillo, y que por favor no pare la fiesta, queremos más personajes, más novedades, más historias locas, más buenos y malos, lo que sea, pero no al tipo gris que no encaja en esta nueva rama del espectáculo».

«Y ahí estaba, negándose a darle matices a sus palabras, pero contenido. Torturado por los aspavientos y el fingido horror, y por grotescos gestos violentos y retadores, de quienes le someten sin descanso a los mismos procedimientos habituales. Lo pasan por el nuevo etiquetado, la mentira, lo anecdótico, y van subiendo en intensidad hasta que sólo queda una última bala: «Por favor, sacad al gay ese del otro partido facha, eso le situará en un lugar tan indigno que no tendrá cabida ni siquiera en las calles de nuestro nuevo mundo». Aparece en pantalla uno de esos gays de cuota, con un discurso estéril sin pies ni cabeza. Pero él sí conoce el medio y las reglas; llega incluso a adueñarse de toda la población de Albacete, de su pensamiento y, cómo no, parece reservarse el derecho a admitirle allí».

Y termina: «En ese tiempo salieron preguntas tan absurdas, sobre cosas que nadie hubiera negado hasta hace unos años, que uno sabe que es imposible que ese odio sea una reacción natural. Ni siquiera es una turba intentando convencerle de forma paciente de que lo que siempre ha sido algo marginal ahora es lo central, que sería lo lógico si fuese un proceso gradual y necesario, pero es imposible no recordar episodios anteriores del siglo pasado y comparar».

El propio Santiago Abascal hace notar cómo las noticias reales parecen eclipsadas por estos problemas de mentira, por estas falsedades convenidas. «Hace unos días, en Holanda. Ahora Milán, donde de milagro no se ha producido una auténtica tragedia. Y los progres aquí hablando de estupideces y blanqueando al islamismo radical», escribe en su cuenta de Twitter.

Coincide con él @canete707: «Tenemos un golpe de estado en marcha en Cataluña, la amenaza de un futuro gobierno de frente popular y separatista, una deuda de un billón de euros, una tasa de paro del 25%, un sistema de pensiones que va a quebrar…
Y vosotros hablando de armas».

Y para @Crispal, esta reacción salvaje de perros rabiosos es evidente hija del pánico: «Las reacciones tan furibundas a las propuestas de @vox_es dan a entender tácitamente que todo el mundo piensa que Vox va a ganar por mayoría absoluta. Es divertido».

No es aplicable el manido refrán, «ladran, luego cabalgamos», porque esta jauría no ladra, muerde en manada. Lo que está en juego, lo saben, no es una elección más, sino el riesgo de que se les acabe el chollo, de que sea, sino el principio del fin de esta política en la que todo lo importante está fuera del debate, consensuado en medias palabras, al menos el fin del principio.