YA NO CUELA

La manifestación

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Al fin pasó la manifa y los sospechosos habituales de medios y redes sociales pudieron publicar ese titular o comentario que habían escrito la noche antes, porque todas las concentraciones callejeras son siempre un éxito o un fracaso desde su convocatoria. La realidad, lo visible y tangible, es ya una distracción irritante en el debate.

Da un poco de miedo el nivel. Da un poco de medio ver las fotos aéreas y los vídeos de la marcha en Colón junto a ese #pinchaColon que fue tendencia en Twitter. Porque personalmente soy incapaz de saber si ahí había los 45.000 que dice el Gobierno o diez veces más o una cifra intermedia; lo que sí sé y es comprobable es que los mismos espacios igual de densamente ocupados han dados cifras muy dispares en los medios según cuál fuera el motivo de la manifestación. Un cínico con afición y tiempo libre podría hacer la tabla de por cuánto hay que multiplicar o dividir la asistencia a cada una según la causa: feministas contra la violencia de género, tanto; Orgullo Gay, esto otro; fachas pidiendo elecciones, cuatro gatos, siempre, por definición.

Nos conocemos ya todos los trucos, todas las tradiciones, desde la búsqueda de huecos para la fotografía revelación hasta -aquí, Monedero- presentar la imagen del lugar una hora antes de que empiece, pasando por la exploración exhaustiva en pos de la bandera con el águila de San Juan o un brazo levantado.

Un tal Antón Losada, un habitual del rojerío patrio en redes, suelta perezoso y poco creíble el tuit que guardaba desde el viernes en la carpeta de Borradores: «Colón. Fracaso de la derecha. Alguien tiene que decirlo». Te ha costado, ¿verdad, Antón? Lo de Público ya da penita. Titula en su primera online: ‘La concentración de Colón se desinfla: 45.000 personas frente al millón de 2017’. Pero si uno tiene la paciencia de buscar su información del día siguiente sobre la manifestación de 2017, no les salía ni una fracción de la cifra que les reconoce ahora. Son como esos partes de guerra con los que, para saber que una ciudad había caído en poder del enemigo, había que esperar la triunfalista noticia de su recuperación.

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No soy muy partidario de las manifestaciones, lo he dicho alguna vez, no es en la calle donde se consiguen las cosas, menos aún la derecha, y con Ciudadanos no iría, personalmente, ni a coger pepitas de oro. Pero es evidente que la del domingo ha escocido. Una sedicente cómica, una tal Eva Hache, escribe enrabietada: «Con vuestros ombligos tapáis el saber. Sólo os preocupa provocar y convencer a mentes pobres #soisunosmierdas #colon #yonovoy». Naturalmente, la ínclita puede permitirse insultar a quienes le pagan, porque no lo hacen voluntariamente sino vía impuestos, a través de esas subvenciones que la farándula defiende con uñas y dientes.

También el ‘guiri simpático’, el pianista británico afincado en Madrid, pone su granito: «Mucha gente con banderas en el metro hoy de camino al manifestación. 90% blancos, mayores de 55 años y aparentemente ricos (el uniforme del barrio Salamanca). ¿No son exactamente las mismas personas que nos metieron en este maldito desastre en primer lugar?»

Hombre, James, que vives precisamente en el Barrio de Salamanca y sabes que los vecinos de allí van a Colón paseando, poco metro. En cuanto a que quienes se manifiestan sea las mismas personas «que nos metieron en este maldito desastre», no sé, tú estás aquí desde 2017, y no parece que te haya disgustado mucho.

En cuanto a la vieja prensa de papel, de las cuatro cabeceras que solía comentar el trasgo, tres abren con planos largos de la manifestación y la cuarta prefiere hacerlo con una foto ‘de paredón’ de los convocantes. Les dejo que adivinen cuál.