YA NO CUELA

Las 11 ya y el lobo sin llegar

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No, Rosa María, el odio no «se abre paso». Está aquí, y tú eres una de sus grandes sacerdotisas.

«El odio se abre paso». Era el rótulo que acompañaba a principios de mes un especial de Televisión Española -«la televisión de todos»- sobre ese resurgir de la violenta extrema derecha que es el lobo de cuya llegada nos llevan alertando a gritos exactamente desde que fue destruido en 1945, y que el comisariado de Rosa María Mateo acompañó ‘sutilmente’ con imágenes de Vox.

Es un mal titular, pero no porque el odio esté ausente, sino porque hace tiempo que se abrió paso. El propio reportaje es un reflejo de ese odio, de esa política de odio que lleva instalada en nuestra civilización demasiado tiempo y amenaza nuestra democracia con su incapacidad de reconocer al rival ideológico alguna legitimidad. Es odio, puro odio destilado y triunfante, el que vemos en incontables declaraciones de Podemos desde el primer día, como las de ese concejal de Ahora Madrid que, de vuelta de un viaje de Turquía (ahora el proletariado viaja mucho), se lamentaba de que nada hubiera acabado con la vida del presidente del Gobierno entonces, Mariano Rajoy.

Es odio sin diluir el que gritan en las manifestaciones feministas -‘machete al machote’-, un tentáculo de la izquierda que tiene tanto que ver con los intereses de la mujer como con el de los osos polares. Es odio en grupos de interés monotemático aparentemente inocente que no son más que organizaciones pantallas de la izquierda de siempre, como esos empáticos animalistas que celebran la muerte de un niño que quería ser torero.

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La ideología que domina el mensaje cultural está basando en el odio, en el rencor ciego apenas disimulado con un barniz de empatía y compasión. No, Rosa María, no «se abre paso». Está aquí, y tú eres una de sus grandes sacerdotisas.

Un, por lo demás, excelente y completo informe de estrategia antiterrorista presentado ayer alerta, además de la obvia amenaza yijadista que no necesita presentación, del peligro inminente del terrorismo ‘identitario’, aclarando en sus páginas que no se refiere a los nacionalismo irredentistas como el catalán. No, se refiere a quienes no disponen de ninguno de los medios, redes, recursos, organización e intención de formar grupos terroristas, los que no han realizado atentado alguno, en fin. El lobo, ese lobo que se espera a cada momento, en alerta antifascista, mientras las hienas campan a sus anchas y dominan nuestro discurso político.

Santiago Abascal, líder de Vox, ha respondido al odio de la comisaria Mateo: «TVE funciona ya como una máquina de propaganda de guerra del comunismo podemita. Pura basura desinformativa». Y uno solo lamenta que esto solo se reconozca cuando se ataca tan poco veladamente al contrario, en lugar de decirlo todo el tiempo.
Los liberales quieren acabar con todas las televisión públicas, pero no existen televisiones públicas en España. Apenas existe nada que pueda llamarse ‘público’ en un sentido que fuera reconocible en otro tiempo, lo que es de todos. Televisión Pública es una televisión privada del poder, es una de las piezas más codicionadas del botín que trae la victoria política. Es tan privado, tan para uso y disfrute del gobernante de turno, como el CIS, un departamento técnico convertido en maquinaria de propaganda.

La élite no teme el terrorismo de los ‘populistas’, no teme su violencia. Les teme en las urnas, en un juego limpio y democrático que ellos se han encargado de embarrar con su odio de siglos.