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Lo nunca visto

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Iba yo conduciendo en dirección a la Ciudad Universitaria de Madrid, con destino al Hospital de La Cruz Roja, para que me repararan una avería personal, propia de mi edad. Pasado el Palacio de la Moncloa, con permiso del Señor Doctor, a unos quinientos metros, parón inesperado e inusitado, en dirección a la explanada universitaria. Las aceras, tanto derecha, como izquierda, caminando en todos los sentidos, abarrotadas de gente joven. (Voy a ser más explícito, para quedar bien, con las feministas radicales y el socio-comunismo imperante. La gente joven se componía de chicas y de chicos, no digo “de jóvenes y jóvenas” a pesar de que la expresión “la gente joven” es un genérico en femenino, pero a los varones no nos importa).

Hasta llegar al semáforo de la gran explanada, se pasaron diez minutos, en un kilómetro escaso de distancia. Tuve la suerte de parar exactamente en el semáforo, con una panorámica indescriptible. No había centenares, no había miles de jóvenes, había decenas de miles, sin pararse un segundo, como suele ser habitual, caminando a buen paso en todas las direcciones. Parados en el semáforo, varias personas se bajaron del coche, para hacer fotos. Uno de ellos, ya madurito con más de sesenta años, me preguntó: “¿Pero esto qué es? – Las pobres criaturas vienen de pasar por la estúpida tortura de la selectividad universitaria. — Le contesté. — Pero estúpida ….. por qué. —- Tengo amplia experiencia en ello y lo conozco bien.

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El señor se quedó con ganas de más explicaciones. El semáforo se abrió y continuamos lentamente hasta sobre pasar a la totalidad de aquella juventud, con cara de satisfacción por haber terminado la prueba de fuego.

Presento a continuación algunos datos que dan luz a mi contestación anterior. Si mi interlocutor lee este artículo, probablemente tendrá la respuesta que no pude darle en ese momento.

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Es difícil describir el espectáculo, desde esta situación privilegiada que he tenido. La Explanada es inmensa, rodeada de Escuelas Técnicas y Facultades. La panorámica que tenía ante mí me hizo recordar los hormigueros que se formaban en mi pueblo en determinadas circunstancias. Perdón por la comparación, pero no lo he podido remediar. Iba a cambiar el tiempo, humedad y lluvia se avecinaba en pocas horas, según los predictores populares, formados en esa ciencia, con los libros de la experiencia y el alto nivel de cumplimiento de sus predicciones. Las hormigas, con su ciencia infusa, eran las que lo comunicaban, con acierto asegurado. Millones de hormigas salían al exterior, haciendo enormes hileras, creando caminos para trasladar los alimentos de una guarida a la otra.

Por qué el contemplar este excepcional y maravillo panorama de la juventud viviente me hizo sentirme un ser privilegiado en ese momento. Lo primero fue pensar que esta sociedad, a pesar del momento convulso y raro en el que vivimos, tiene un futuro prometedor.

Mi mente, como la luz de un rayo, me trasladó al año 1963. Yo era Maestro Nacional con la Oposición recién terminada. Como Maestro, tenía que hacer un examen en la Facultad de Filosofía y Letras y Pedagogía, para acceder a los estudios de la Licenciatura, que superé con éxito. Desde aquel momento, no hay un metro de terreno de esa zona que no haya pisado. Varios de aquellos edificios, esos amplios espacios y el aire sano que se respiraba han sido una parte importante de mi vida, unos años como alumno y, la mayor parte, hasta el día de hoy, sin solución de continuidad, como docente, desde el año 1968. Todo el tiempo aprendiendo, especialmente de mi alumnado. La finalidad de aquel examen era aceptable y adecuada. Los exámenes de selectividad, desde el primer momento, son innecesarios, inaceptables, inadecuados, contra producentes, injustos…

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Veamos algunos hechos que justifican y aclaran mi participación, en primera línea, de la gestación de la selectividad universitaria. En el 1972 soy nombrado Consejero Nacional de Educación. En aquel momento era un honor tener la responsabilidad de intervenir en todos los ámbitos y niveles de la Educación, desde la creación y desarrollo de algunas Universidades, hasta la Educación Permanente de Adultos y la Educación a Distancia.. El nombramiento llevaba consigo el Título de por vida de Excelentísimo Señor, tratamiento que utilicé una sola vez ante un prepotente señor, injusto con los demás. Defendí a una persona a la que estaba insultando con altanería. Se dirigió hacia mí, recordándome que él era un Ilustrísimo Señor y yo no tenía el derecho de llamarle la atención. La contestación me salió inmediata del alma, con mejor tono que él y buenos modales. — Debe saber usted, que está hablando con un Excelentísimo Señor.

Esta referencia de mi vida personal tiene mucho que ver con el tema que nos ocupa. La Selectividad Universitaria se aprueba en el mes de Junio de 1975, en la que tuve una intervención directa y comprometida. La propuesta y la defensa de la Selectividad fue del Rector de la Universidad Autónoma de Madrid. Presidió la sesión el Ministro de Educación Cruz Martínez Esteruelas, en la sede del Consejo Nacional de Educación, situada en la calle de San Bernardo de Madrid.

Yo estaba completamente en desacuerdo con la propuesta y defendí lo contrario, con argumentos, que siguen siendo más válidos hoy que en aquel momento. A propuesta del Ministro, vistos los argumentos de unos y de otros, decidió que se hiciera una votación pública, controlada. Ganó, por escasa diferencia, el SÍ.

Por qué sigo rechazando la selectividad después de tantos años. Después de 44 años, se han ido confirmando, con creces, mis argumentos de entonces, agrandados, sin límites, en la situación de la España de hoy. La selectividad es someter a los niveles educativos no universitarios a un examen sobre los contenidos académicos adquiridos hasta ese momento; se examina al Sistema Educativo y al Profesorado del Preuniversitario. El nivel de conocimientos debe quedar resuelto progresivamente desde Educación Infantil, hasta el momento de emitir el Título de Bachillerato y la Universidad debe ayudar para conseguir ese objetivo. El ideal es hacer una evaluación continua, progresiva, acumulativa y ponderada, por unidades de programación, comprobando si se han conseguido los objetivos propuestos y si el alumnado ha adquirido las competencias adecuadas.

Al cabo de los años hay miles de alumnos que se sintieron frustrados porque, con una puntuación excepcional, no pudieran acceder a la carrera que “adoraban”. Por una, dos o tres décimas más, ocupó la plaza otro alumno, abandonándola unos meses o un año después, porque le gustaba más otra carrera. El acceso a las Universidades lo debe promover cada Universidad, sacando a concurso público las plazas que quiere cubrir.

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Con el tiempo, han quedado al descubierto las contradicciones del sistema y, finalmente las aberraciones del momento actual. Dos hechos aberrantes: Primera aberración: Selectividad independiente en los 19 “Reinos de Taifas” de la España Autonómica, incumpliendo claramente el espíritu y la letra del Artículo 27 de la Constitución.

Se descubre que la calificación final que obtienen los examinandos no es por lo que saben, más bien es por lo que no saben, no saben ortografía, no saben, por lo tanto, leer y escribir bien a nivel universitario. Este hecho, sin embargo, no se valora lo mismo en un sitio que en otro. En algunas Universidades, esta circunstancia no tiene demasiada importancia. En otras se valora más y se resta más de la calificación de otros saberes. Es un insulto al Profesorado de los niveles no universitarios. Conclusión: LAMENTABLE.

Segunda aberración: La Educación, el Sistema Educativo Español, se ha quedado huérfana, por obra y gracia del Señor Presidente “ocupa”, en un primer momento, metido con calzador en la Moncloa posteriormente. La “Universitas, Mater et Magistra” de la Educación ha sido separada de su hija predilecta y se ha marchado a otras galaxias.

Es bien sabido de todos, excepto del Presidente y de sus “acólitos y (acólitas)”, que el Profesorado de Infantil, Primaria, Secundaria Obligatoria, Bachillerato, Formación Profesional, Educación Especial, Educación de Adultos, Educación a Distancia, Orientadores Escolares, Pedagogos, Psicólogos, el Profesorado de la Propia Universidad y otros más, afines, los forma o deforma la misma Universidad. Algunos tenemos nostalgia de aquellos tiempos, los mejores en Educación, en los que, se trabajaba conjuntamente Universidad y Escuela. INCIE (Instituto Nacional de Ciencias de la Educación) y Los ICE,s (Institutos de Ciencias de la Educación de cada Universidad). Los ICE,s actuales no son ni la sombra del pasado. Fueron creados por la Ley General de Educación (4/Agosto 1970). Aunque incompleta, fue la mejor Ley de toda la historia de España. Estuvo vigente durante 30 años, 1970 hasta el año 2.000. Después vino la politización de la Educación, una enfermedad que no se cura fácilmente.

Fuera, pues, la Selectividad Universitaria, en cualquiera de sus modalidades y cada Universidad asuma su responsabilidad, siempre con el control del Ministerio de Educación, Ciencia, Cultura y Deporte.

por Noé de la Cruz.

Licenciado en Pedagogía, Licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid. Especializado en Sociología (Técnicas de Investigación Social y Sociología de la Familia) y Diplomado en Psicología Industrial por la Escuela Superior de Psicología y Psicotecnia de Madrid. Ostentó el cargo de Consejero Titular en el Consejo Nacional de Educación durante 6 años. www.valoresuniversales.com