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YA NO CUELA

Los ‘fascistas’

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Eso de “el fascismo”, lo sé, queda muy bien. Pero no, no son fascistas, son comunistas. La suprema paradoja es que aquellos que Villacís acusa de fascistas justifican su ataque alegando que Villacís es fascista.

Ayer, día de San Isidro, la candidata de Ciudadanos a la alcaldía de Madrid, Begoña Villacís, embarazada, creo, de ocho meses, fue violentamente acosada por una de esas chusmas organizadas de que se sirve la izquierda para meter el miedo en el cuerpo del rival, en este caso la Plataforma de Afectados por las Hipotecas (PAH). El nombre del chiringuito, por cierto, se las trae: parece sugerir que las hipotecas son una desgracia que te cae encima, como la gripe aviar o un tsunami, sin comerlo ni beberlo, en lugar de constituir un instrumento de crédito que, con todas sus imperfecciones y abusos, permite comprar una vivienda a quienes no tienen en efectivo el dinero que cuesta, y que siempre se suscribe voluntariamente.

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La concentración es a menudo más importante que la capacidad o el talento para alcanzar la victoria; una persona que tenga solo un objetivo tiene muchas probabilidades de imponerse a rivales para quienes la vida esté llena de otros fines apetecibles, aunque solo sea por agotamiento. Es una de las claves de la izquierda, para la que el poder es la única realidad y en cuya consecución todo está permitido, desde pactar con quienes cada día advierten lealmente su intención de separarse de España a quitarle importancia a acciones terroristas o, como en este caso, emplear la intimidación sobre una madre gestante en uno de esos repugnantes escraches que el líder de Podemos, Pablo Iglesias, tanto elogia y aconseja desde su chalet de Galapagar vigilado las 24 horas por la Guardia Civil.

Nunca es qué y siempre es quién, y resulta terriblemente deprimente que ni después de sufrir un ataque tan vil pueda la propia afectada acertar con el nombre de sus atacantes. Escriben desde la cuenta de Begoña Villacís: “Sirva un episodio duro como el de hoy para constatar que los demócratas y los que amamos la libertad somos más, como es mayoritaria la humanidad y el respeto. La intolerancia, el fascismo, el falso progresismo y los políticos que callan no lo son”. Eso de “el fascismo”, lo sé, queda muy bien. Pero no, no son fascistas, son comunistas. El fascismo, efímero régimen de entreguerras, no tiene nada que enseñarle al comunismo en punto a brutalidad, inmoralidad y empleo de la intimidación y la violencia, existía bastante antes y sigue existiendo medio siglo después de que el fascismo muriera enterrado bajo las cenizas de sesenta millones de muertos.


¿Por qué se usa, entonces, ‘fascista’ cuando se puede y se debe decir ‘comunista’? Porque los comunistas han ganado la guerra cultural, obviamente, y ni con un siglo de atrocidades hemos conseguido que ‘comunista’ sea un insulto, ni aun para sus víctimas menores.

Así, nadie se entera de nada. Veamos: doña Begoña llama a sus acosadores “fascistas”, que es un término universalmente empleado para definir a Vox. ¿Ven por dónde van los tiros? Sin embargo, Vox es acosado, no acosa; es silenciado, no silencia; es censurado, no censura.

Da igual. Y ya la suprema paradoja es que aquellos que Villacís acusa de fascistas justifican su ataque alegando que Villacís es fascista. “Que esté embarazada de 9 meses no borra la realidad: es una fascista y debe ser tratada como tal”, escribe en Twitter un tipejo. ¿Ven lo fácil que es? Esto va en dos tiempos: 1º- Acusa a tu rival de ‘fascista’, no importa en absoluto la ideología que defienda; 2º – Postula que los ‘fascistas’ están al margen de cualquier protección que la ley o la moral común dispensan a los seres humanos. La consecuencia es una bonita masacre preparándose en la cocina de la historia.

Y si un partido tan difuso, vago y blando, pero civilizado y cortés en sus representantes, como Ciudadanos es “fascista”, ¿quién no lo es? ¿No es ese motivo sobrado para abandonar una palabra que ha llegado a significar nada en absoluto más que un exabrupto inane o un pretexto para cualquier atrocidad?

Dejé escrito precisamente en Twitter que cualquier tirano antiguo se daría con un canto en los dientes con la docilidad de los rebeldes de hoy, y este es otro suceso que lo justifica. Porque la PAH nació con la excusa -sí, excusa: todos estos chiringuitos son meros tentáculos de la izquierda- de los desahucios. Pero hoy, cuando en Madrid hay más desahucios que antes bajo la égida de Manuela Carmena, la indignación de los desahuciados no se vuelve contra el poder, sino contra sus rivales. No me digan que eso no es una obra de arte del lavado de cerebros.

Pasó algo similar en el 15-M, la multitudinaria manifestación de hartazgo y protesta general bajo un gobierno socialista que se convirtió en acto contra la derecha, entonces como ahora en la oposición. Y que secuestró desvergonzadamente Podemos para auparse y, paradójicamente, tratar de gobernar al alimón con el mismo partido que gobernaba entonces. Pablo, al menos, ha sacado de esta experiencia un liderazgo indiscutido y un precioso chalet en el que, gracias a los cuerpos de seguridad del Estado que no se ha cansado de denigrar, está libre de todo escrache.