YA NO CUELA

Miércoles de ceniza

|

Unos, como los venezolanos, tratan de salir de él, mientras otros avanzamos alegremente en pos de esta misma meta catastrófica.

No empieza hoy el Ramadán, así que es poco probable que nuestros políticos nos alienten o se solidaricen en este país forjado por el cristianismo, marcado por una lucha de siete siglos contra el islam en su suelo y afianzado por una fe que se ha convertido en la única cosmovisión de la que es de buen tono burlarse y una Iglesia que es el único ‘colectivo’ sin derecho de defensa o réplica.

Hoy empieza la Cuaresma, tiempo de penitencia, cuarenta días de recordar que todo aquí abajo es pasajero, polvo y ceniza, por más que alertemos y los gobernantes ideen nuevas formas de controlar nuestras vidas personales para detener el Cambio Climático o para hacer, como decía recientemente Joan Tardà de su partido, «feliz al género humano».

¿Qué tiene que ver esto con la actualidad política? Todo. El conservador norteamericano fundador del National Review, William F. Buckley, puso de moda entre los suyos una extraña consigna que llegó a figurar en chapas: «No inmanenticéis el Escatón», que con toda seguridad obligaría a muchos a precipitarse hacia un diccionario. Dicho de otro modo, significa que el gran error de las ideologías políticas -toda ideología es izquierda, aunque se presente como derecha- es tratar de crear el paraíso en la tierra, una empresa que, ya nos advertía Donoso, conduce a hacer de la tierra un infierno.

Suscríbete a nuestro nuevo canal

Unos, como los venezolanos, tratan de salir de él, mientras otros avanzamos alegremente en pos de esta misma meta catastrófica.  El pequeño Napoleón del Elíseo, Emmanuel Macron, nos envió ayer una carta «a los ciudadanos europeos» en el habitual tono de alerta antifascista para que nos precipitemos hacia el megaestado europeo antes de que salte por los aires, una Europa Patria de fantasía que es el Escatón, el fin de la historia, de los que creen no tenerlo.

Me van a perdonar, pero la Unión Europea, como tratado internacional de libre comercio y tránsito, puede ser una idea estupenda, pero como nuevo Estado es tan ensoñación lírica como esa República Catalana donde todos los días hay helado de postre. Y no deja de ser curioso que quienes se burlan del cuento de la lechera procesista de «el mon ens mira» crean con absoluta seriedad en otro Estado que es pura ficción, Europa.

El nacionalismo irredentista es un paraíso especialmente idiota, porque cualquiera tiene experiencia sobrada de que vivir en tu propio país no da, ni por asomo, la felicidad. Hace cosa de un siglo, la izquierda aún podía creer que ese escatón podía lograrse «cambiando el mundo de base», pero hacerlo ahora es de una ingenuidad criminal y antihistórica.

La única opción que tienen es la amnesia colectiva y la ilusión perenne, la infinita atracción del País de la Cucaña. Podemos presenta a la alcaldía de Ávila a una mujer condenada por asesinato. Sí: asesinato. No ‘corrupción’, ni aparcar en doble fila, sino asesinato, crimen por el que fue condenada a treinta años, de los que cumplió siete en prisión (no pregunten). Y no se les ocurra titubear, o serán acusados de machistas y de no aceptar que ya ha lavado sus crímenes y es una mujer nueva. Después de todo, ya dijo Alberto Garzón que los izquierdistas no son delincuentes nunca y «por lo menos no roba como el PP».

El casoplón en La Navata es fiel recordatorio de que los líderes del sueño eterno tienen, en lo personal y oculto, metas más realistas y prosaicas, por lo que pueda pasar. Pero el sueño sigue, incansable, por más evidencias que pongan ante nuestros ojos. Un país que en sus dos siglos y medio no ha sido otra cosa que democracia abierta basada en las libertades individuales, Estados Unidos, se encandila hoy con su podemita de origen hispano, Alexandria Ocasio-Cortez, de quien @ManhattanManOne dice en Twitter que, más que un chalet en Galapagar, ya se está buscando un triplex en Park Avenue, que aquí el que no corre, vuela.

Mucho hablar de la separación de la Iglesia y el Estado, pero nunca habían estado más indisolublemente unidos, solo que con otra religión, una en la que Irene Montero quiere enseñar Feminismo como asignatura obligatoria en nuestras aulas, para hacerles desde pequeñitos  mansos adeptos del Mundo Feliz que esta patulea representa.

Pero, como dice @Simonow en Twitter, si se enseña tan bien como la asignatura de Lengua Castellana, igual crea una generación de misóginos.