YA NO CUELA

No me cuadra

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Hoy la derecha tuitera habla frenética de un nuevo Frente Popular, súbitamente poseída por su propia Memoria Histórica, tan distinta de la oficial, con sus propias cunetas. Y en el temor se da por hecho lo peor, lo que más se teme.

En la redes, la primera dama podemita es ya vicepresidente, en una fulgurante carrera que hace falta una titánica labor de negación de la probabilidad para desvincularla de su maternidad, y Sánchez forma un gobierno dominado por ministros de morado, entregado al poder en la sombra de Pablo Iglesias, del que el veteranísimo periodista Luis María Anson dice que es el más brillante de nuestros políticos y a quien ve muy superior a Pedro.

No negaré habilidad a Iglesias, aunque no puedo decir que su brillantez me ciegue. También debo decir que Pedro no ha necesitado ese fulgor del genio para superar momentos muy aciagos y derrotas políticas de difícil remontada. Y aquí está, como la Puerta de Alcalá.

No soy adivino, ni puedo dejar de preguntarme cómo podemos abundar en vaticinios quienes jugamos solo con unas pocas cartas descubiertas y la mayoría aún ocultas. Pero con los pobres datos que tengo no me cuadra tanta alarma. Y les contaré lo que me sale y lo que no me sale.

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No me sale que Pedro sea un fanático ideólogo, por ejemplo. Pedro se ha mostrado cambiante hasta hacer imposible la parodia, y de una demagogia que se sale de las tablas. Ahora, un verdadero fanático rara vez es buen demagogo. Está demasiado enamorado de la Idea como para ver en ella aspectos que se deban ocultar según soplen los vientos de la opinión. Por el contrario, el demagogo es extraordinariamente flexible, capaz de no solo de afirmar con la misma solemnidad ideas contradictorias en momentos diferentes, sino incluso de aplicarlas.

Me sale que Pedro ha toreado magníficamente a Iglesias el Brillante, le ha puesto más de una vez a los pies de los caballos con esa táctica de acelerones y frenazos en su veleidoso romance. Le ha llenado de pájaros la cabeza para negarle el pan y la sal en otras, con un control de los tiempos encomiable, sobre todo teniendo tan poco. ¿Por qué iba a tirar por la ventana todo eso y llenar su gobierno de podemitas, cuando además tiene tantas soldadas que pagar entre su propia tropa?

Las muchas y poderosas fuerzas que ven con satisfacción la constitución de un gobierno socialista no piensan igual de un ejecutivo revolucionario. Unidas Podemos tiene su utilidad, naturalmente, pero no es la de gobernar. El partido se ha despeñado electoralmente con la tontería del chalet, imagino que aún más viendo los votantes a su líder con diez kilos más implorando poltronas. El PSOE podría heredar la mayoría de los votos que pierdan los de morado, pero darles ministerios, no digamos una vicepresidencia, sería como administrarles respiración artificial, un masaje cardiaco y una cura de reposo a la apacible sombra del presupuesto.

No sé, yo no se nada. Pero no me cuadra en absoluto.